
Voy a tratar de ser breve. No creo que lo logre, porque uno se acostumbra a plantearse muchas preguntas y no a encontrar las respuestas.
La pregunta es la del título: ¿para dónde va la política argentina? Pero no apunto a hechos de coyuntura y ni siquiera a prospectivas electorales mirando hacia el 2009 o el 2011.Muchísimo menos a hablar de Cristina, Lilita o Mauricio. Me refiero a algo mucho más, si se quiere, trascendente y estructural: ¿cuáles son los campos para la acción política en la Argentina del futuro cercano? Y me detengo y resalto bien adrede que nos referimos a la “acción política” concreta y no a sus análisis u opiniones.
O lo que es lo mismo: interrogarse sobre esto poniéndose en el lugar del militante, el cuadro o el dirigente –sin importar, para el caso, partido o corriente ideológica- y no en el de analista “independiente” o politólogo y muchísimo menos en el de periodista. Vamos… si ustedes quieren un análisis de la “praxis”.
Primero: asumir tal cual la existencia de la cosa. Asumir que, más allá que hemos postulado como un signo positivo del actual gobierno cierta recuperación de la esfera política en el marco de lo público, la actividad política sigue siendo mirada con desconfianza o directamente desprecio por amplísimas franjas de nuestros compatriotas.
Segundo: dar cuenta de la inexistencia de ámbitos orgánicos de participación, formación y debate. Y ésta inexistencia es tanto un efecto de lo anterior como de dirigencias que parecieran no necesitar, para su constitución como tales, de estructuras orgánicas partidarias (o movimientistas de endeveras) funcionando. La sensación es algo así como: “no me jodan con los armados, si diez minutos de tele son diez LunaParks y 200 congresos nacionales partidarios”. Y esto vale para todos: el kirchnerismo, el macrismo y, claro que sí, el coalicivismo. ¿Para qué cambiar si así nos va bien? deben preguntarse a solas con sus almohadas estos dirigentes.
Tercero: preguntarse si este esquema es sostenible en el tiempo. Y aquí algo que no será del agrado de los oídos “militantosos”: absolutamente sí. La tendencia es mundial y creciente: despolitización social, creciente influencia de los medios masivos en la constitución de corrientes de opiniones fluctuantes e hipercoyunturales, por citar dos ejemplos sencillos.
Entonces: dos hipótesis controversiales y, quizás, hasta contradictorias:
a) A futuro vemos una cada vez mayor escisión, ¿autonomización?, ¿brecha?, entre la opinión pública y las mayorías, incluso las electorales. Así que sí, está bien: damos cuenta de “lo mediático” y nos preparamos para esa desigual batalla.
b) Y, sin embargo, en forma paralela aunque mucho más “silenciosa”, nuestro país ofrece suficientes signos de una progresiva “territorialización”, refiriéndome como tal a la emergencia de sistemas políticos exitosos a nivel local más allá de sus encuadramientos nacionales (por cierto: no puede explicarse éste fenómeno recurriendo exclusivamente al caudillismo –que lo hay- ni al manejo circunstancial de los poderes ejecutivos locales, pues no habría habido derrotas de los quindimiles o de los rosas).
¿Sirve de algo preguntarse estas cosas? ¿A alguien le importa?
Ni idea. Aunque yo que algunos armaría un Ministerio de Comunicación y Municipios.