No pasó ni un día. Ni uno. Y ya tenemos algo de qué hablar. Es notable la capacidad de la política, cuando recupera espacios, de generar hechos y situaciones conflictivas imprevistas.
Ahora bien: ¿eran imprevistas? ¿hay un conflicto? ¿Si lo hay, se está leyendo bien?
Vamos por partes:
1) En su discurso de asunción, Cristina dice “no llegué a Presidenta para ser gendarme de la rentabilidad empresaria ni parte de una interna sindical”. Ups, ¿qué pasa?.
2) Moyano y su gente pegan un faltazo a la Plaza el día de la asunción. Se notó. La Plaza estaba más bien…cómoda para caminar.
3) Moyano suma 6000 afiliados a su gremio y lanza un “si el Gobierno no defiende el derecho de los trabajadores, estaremos en la vereda de enfrente”. Por las dudas, agrega: “no va a faltar mucho tiempo para que los camioneros llenemos la Plaza de Mayo”.
4) Randazzo debuta como ministro del Interior atendiendo radios por la mañana (antes le había rezado a San Corach para que lo guie en la misión) y niega que se trate “de un desafío hacia el gobierno” por parte de Hugo.
A partir de esto, todos empezamos a especular. Algunos dicen que Cristina le habría quitado el apoyo a Moyano para su reelección en la CGT (recordar que hay una embestida del barrionuevismo por la conducción), otros “linquean” con el reciente asesinato del tesorero del gremio de Camioneros en Rosario y hasta Patricia Bullrich, también inaugurando su título de Licenciada en Comunicación, sale como opinóloga y dice que Hugo salió a “extorsionar” al flamante Gobierno.
Mendieta, con la data que maneja, que es bien poca, se anima a decir: ni tanto, ni tan poco.
Lo que el Gobierno Nacional necesita en términos gremiales para esta etapa es cualitativamente distinto a lo que vino necesitando con Néstor. Moyano fue, funcionalmente, muy útil en estos cuatro años que pasaron. Desplazó a los “gordos” de la CGT, tiró de la cuerda todo lo que pudo en paritarias con el visto bueno del Ministerio de Trabajo y aportó una considerable masa de maniobras a la hora de discutir y revertir parte de la maldita legislación laboral heredada de los 90.
Sin embargo, las necesidades ahora son otras. Las podríamos sintetizar en “necesitamos al sindicalismo unido” para avanzar con el Pacto Social (ya sé: me van a preguntar qué corno es el “Pacto Social”. Nos vamos a enterar cuando lo hagan).
Así que, intuimos desde aquí, el conflicto larvado es: “Hugo, ¿vos podés garantizar la unidad de tooooda la CGT? Si podés, todo bien con vos, hermanito. Si no podés, alpiste”. Quizás, visto de este modo, "no ser parte de una interna sindical" pueda leerse como "no queremos internas, ¿ta?".
Mendieta le pone unas fichas al horror de las señoras bien de Caballito que ven como el Sanatorio Antártida renace y se apresta a atender a los muchachos del camión. Pero, por las dudas, plantea dos alternativas de recambio. De dos gremios más acordes, teóricamente, con el “modelo” kirchnerista que uno de servicios como los camioneros.
Uno ya salió publicado por ahí: Caló, de la UOM, fortalecido territorialmente con el eje Tres de Febrero-Quilmes. La otra fichita todavía no la vi publicada en ningún lado: Gerardo Martínez y sus constructores. Que sí estaban en la Plaza meta bombo.
¿Qué piensa usted Manolo, que de esto la sabe lunga?