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16 abril 2008

Nosotros no creemos en las conspiraciones.


Paso 1: Empezamos por Clarín. La noticia es ésta “El secretario de Medios Pepe Albistur fue acusado por el fiscal de Investigaciones Administrativas, Manuel Garrido, por presunta distribución de publicidad en su propio beneficio”.

Paso 2: ¿Quién lo denunció? “La investigación comenzó por un pedido de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) de mediados del 2006 sobre supuesta discriminación en la distribución de la publicidad oficial.

Paso 3: Aquí un link a la Asociación por los Derechos Civiles. Loable labor. ¿Quién preside ADC?: El doctor Alejandro Carrió, abogado, profesor de la UBA, muchos libros publicados.

Paso 4: Ahora googleamos Alejandro Carrió y no, no es pariente de Lilita.

Último paso: Miren acá. Sí, el doctor es, casualmente, en el ejercicio de su profesión liberal, uno de los abogados defensores de Ernestina Herrera de Noble en la causa de los “hijos adoptivos” de la viuda de Noble. Y terminamos donde empezamos: en Clarín.

Vuelvo a aclarar: no creo en las conspiraciones. Dije que no. Que no, tamos?

25 octubre 2007

Confesiones de cierre

Que la campaña electoral que está terminando fue aburrida ya lo dijimos acá hace un mes y ya lo dijo todo el mundo. Ahora vamos a contar por qué, además de embolante, fue una campaña peculiar para nosotros.
Por primera vez en décadas (Mendieta es más jovato de lo que le gusta insinuar) no salimos a pintar, ni estuvimos en ningún local, ni repartimos la boleta timbreando, ni armamos mesa en una esquina, ni redactamos gacetillas de prensa, ni participamos de los equipos de ningún candidato, ni orejeamos encuestas antes de que salgan en los diarios, ni coordinamos focus para elaborar discurso. Mantuvimos, por inercia, la lectura de los diarios por la mañana, los cables de agencia todo el día y la mirada de los programas "políticos" de cable por la noche (aunque justo es reconocer, haciendo zapping con Discovery).
Desde aquel lejano 1988 en que debutamos como fiscales de la interna Menem-Cafiero hasta el relativamente cercano comicio que diera ganador a Macri aquí en la Ciudad, siempre –pero siempre, eh- hicimos campaña.
A lo largo del tiempo cambiamos, obviamente, de candidatos. Cambiamos el pueblo por la facultad y, rápidamente, la facultad por el barrio. Después nos tocó cambiar el barrio por el Comando/Equipo en el Centro. Cambiamos -para escribir- la Remington heredada del abuelo por la PC. Los padrones con puntitos de colores por los monitores.
En el medio, cambiamos de estado civil y ahora vamos, siempre felices, de a dos al cuarto oscuro. Ahora ahí, mientras meto la boleta en el sobre, tengo ayuda para sacar los cortes del tacho de basura y llevarlos para olfatear como viene la mano.
En estos veinte pirulos cambiamos formas de pensar, de analizar, de criticar y de criticarnos. Hubo un momento en que hasta dudamos de haber cambiado ideológicamente. Pero era una falsa alarma que en cualquier momento vuelve a sonar.
En todo este tiempo fundamos y fundimos frentes, cambiamos de partidos, de jefes y de encuadres políticos con la esperanza de sentir que no nos traicionábamos aunque nos dijeran traidores. Cambiamos casi todo tratando de cambiar algo.

Este domingo va a ser muy raro. Por primera vez el día de una elección vamos a hacer un asado y esperar las seis tomando mate en casa. Ojalá podamos disfrutarlo aunque sea un cachito de todo lo que disfrutamos en las anteriores. Y que ganen los que votan a los que sacarán más votos.

En definitiva, en esta campaña no hicimos nada. Salvo leer blogs y escribir acá.

22 octubre 2007

Tópicos de campaña: cómo pelear por los indecisos


Elaborar una estrategia para captar el voto de los “indecisos” resulta siempre una tarea ardua y compleja. Y si queremos que la estrategia sea efectiva, mucho más.
Para comenzar, el universo de los indecisos nunca es homogéneo. Allí conviven por lo menos dos subgrupos:
1) aquellos que “todavía no se definieron” pero quieren hacerlo antes del día del comicio porque quieren votar “positivamente”. Estos son los que dudan entre tal o cual candidato.
2) Los que dudan entre votar a tal o, directamente, no ir a votar.

De la capacidad de descubrir en cuál segmento hay mayor “potencialidad” de voto por mi candidato, será la estrategia a llevar adelante por el equipo de campaña. Porque es muy difícil poder trazar un plan que pueda contemplar a los dos subgrupos al mismo tiempo.
Por eso, decíamos en un post anterior, que el único insustituible en un equipo de campaña es un buen jefe de planeamiento estratégico. De él debiera surgir la decisión y no del candidato.
¿Por qué no del candidato? Porque los candidatos, en su función como tal, son malos lectores del humor imperante en las calles. Cuando uno es candidato siempre va a sentir que mide más de lo que las urnas van a expresar. Es sencillo: pongamos que sos Lavagna. Te levantás a la mañana y salís a la calle para ir a un acto. En el semáforo bajás la ventanilla para que te vean los que están cruzando y seguro, seguro, alguien te va decir: “aguante Lavagna!, usted es un grande, no afloje”. Y vos te vás contento diciéndole a tu jefe de campaña que está en el asiento de atrás, “viste, estamos bien”. Tu jefe de campaña te dice “Si, Roberto, estamos bárbaro”. Pero si es bueno en lo suyo piensa para adentro: “Había otros 25 en la esquina y nadie abrió la boca”.

Volviendo al tema. ¿Y entonces qué hacemos para captar a los indecisos?
Bueno, antes que nada, saber que no podemos captarlos a todos. Segundo, tratar de enfocarse en el subgrupo que nos dé mayores chances. Y tercero, rezarle a “Santa Campaña” para no meter la pata con una movida de último momento que, más que sumar votos, los reste. Hay numerosos ejemplos de este tipo de error, pero me da fiaca buscarlos y linquear. Así que imaginemos un ejemplo: Usted es el candidato “A”, moderado, centrista, con buena inserción en las clases medias acomodadas de centros urbanos, “da serio” en la tele. Enfrente tiene a “B”, un candidato carismático y mediático. Le gusta decir cosas demagógicas y aparecer en Tinelli. Viene su asesor de imagen y le ofrece un sketch con Susana Giménez pensando que trae la clave para subir 5 puntos de un saque. ¿Qué hace? ¿Va y se juega a caer bien en sectores que todavía no están decididos? ¿Corre el riesgo de hacer un papelón y espantar a los votantes que ya tenía? Consejo: pregúntele a su Jefe de Campaña. De última podrá echarle la culpa a él.

¿A qué viene toda esta superficial descripción? Es el pie para que podamos dar nuestra impresión de cómo podrían distribuirse los indecisos de acá al próximo domingo. Veamos:
a) El subgrupo de indecisos que llamamos más arriba 1 (esos que dudan entre tal o cual) es por demás heterogéneo. Y ningún candidato opositor logró instalarse con la suficiente potencia como para apelar al “voto útil” (esta es la intención de Lilita y de su campaña, no pareciera haberlo logrado hasta ahora).
Habrá los que dudan entre Carrió y Lavagna, entre Lavagna y Rodríguez Saá, entre López Murphy y Carrió, entre López Murphy y Sobisch, entre Sobisch y Lavagna, entre Lavagna y Cristina, entre Cristina y Saá y así. Podríamos seguir como el rulo de un tambor. Si voy a la caza de alguno de estos subgrupos, por la dispersión de la oferta, tengo serios riesgos de perder más que de ganar votos. Y esto es tanto más así, cuanto mayor intención de voto tenga hasta el momento. A mi modo de ver, esto explica en gran parte la imposibilidad de ningún golpe de timón de último momento en ninguna de las campañas.
Objetivamente, esta situación favorece a la candidata que va punteando.

b) Grupo de indecisos que llamamos 2. Una parte debe dudar entre votar a Cristina o no ir. Cualquier opción es buena para CFK. Ya saben por qué.
La otra parte, debe dudar entre otro candidato opositor o no ir a votar. Y ante la fragmentación, la imposibilidad de trabajar consistentemente el “voto útil” a favor de alguien y lo que describimos en el apartado anterior, todo indicaría que se distribuirán casi en forma directa con la actual intención de voto de cada cual. Algo así como 20% para Carrió, 10 y pico para Lavagna, 7 para Saá y así. Y un 30% que el domingo no se peinará para ir a ninguna mesa de votación.
Y pensar que Opinión Autenticada no se quiere jugar…

Dicho esto, en la próxima tiramos nuestro pálpito para el domingo.

21 octubre 2007

Basta de intentar convencerme a quién votar. Ya está.


Argentino: si te levantas los domingos por las mañanas con un sano espíritu crítico con respecto a la marcha de “la cosa pública” y los alcances del actual proyecto político del gobierno nacional, invierte $4,20 y compra LA NACION. Prepárate un mate calentito y ve derecho a la columna dominical del jefe de campaña del kirchnerismo. No es Alberto Fernández ni Pepe Albistur. Con razón mi quiosquero –que es pinosolanista, de la rama “a Pino sí; a Lozano, no”- no me lo quería vender.
Mañana, a eso del mediodía, corte final de la encuesta mendietana. Parece que hay sorpresas.

16 octubre 2007

Un análisis de las campañas y el pronóstico de Mendieta: levanto apuestas, levanto.

A la hora de armar un equipo o comando de campaña para una elección no debiera haber demasiados misterios. Los innumerables Congresos, Seminarios o Simposios de Marketing político, comunicación de campaña o cosas así, dan vueltas y más vueltas sobre lo mismo y es un hermoso curro para facturar un poco y para posicionarse ante potenciales candidatos, especialmente si viene alguien de afuera "con lo último".
Yendo al punto: el esquema básico lo mismo vale si el cargo a disputar es de orden nacional, distrital o local. Para empezar hay que constituir cinco “espacios” de trabajo, a saber:
1) Agenda de actos, visitas o eventos
2) Recolección de fondos
3) Planeamiento estratégico
4) Análisis de discurso (tanto del candidato como de sus oponentes)
5) Comunicación (esta última integrando a los equipos de Prensa y la publicidad propiamente dicha: avisos, afiches, etc.)
Estos “espacios” no tienen “per se” diferencia cualitativa en tanto a su importancia, salvo el planeamiento estratégico. El ideal es que sean interdependientes y funcionen de manera “sistémica”.
Hecho esto, o mejor aún antes de hacerlo, es fundamental que el candidato nombre a un Jefe de Campaña. El error más común que se observa, especialmente en estas latitudes, es que el candidato pretenda ser su propio jefe de campaña. Bien sea por narcisismo, bien sea por no tener a nadie de plena confianza dentro de la estructura que lo presenta a la elección. Este error generalmente es fatal, ya que el Jefe de Campaña debe ser el principal crítico del candidato. Y los candidatos, por necesidad imperiosa de sostenerse psicológicamente en la contienda, no tienden a ser lo suficientemente autocríticos con la marcha de su campaña. Es famosa la anécdota de Bill Clinton aseverando que Dick Morris era el mejor de todos los campañólogos porque era el único que le decía lo que hacía mal.
Como decía más arriba, este esquema es el básico y el suficiente. De él se derivan muchas cosas útiles que son insumos para el análisis y la consiguiente acción (encuestas cuali/cuantis, focus, investigaciones de campo, chequeo de discurso, etc). También nuevas herramientas de los últimos años (convengamos que un poco endiosadas por los famosos “consultores”): telemarketing, sitios de internet, interactividad virtual y las nuevas estrellas del firmamento “campañeril”: los blogs de los candidatos o de las propias campañas. Vean nomás: acá o acá.
Ahora bien. Hay otra gran interna entre los que se dedican a estos menesteres, que se puede resumir en: Jefe de campaña “político” vs. Jefe de campaña “consultor externo”. Sobre esto hay para todos los gustos en cuanto a eficiencia. Así como Macri se inclinó por el consultor extranjero como guía y gurú y le fue bien, el Frepaso en su corta vida se caracterizó por armar equipos de campaña exclusivamente con cuadros político-técnicos provenientes de su propia estructura política, limitándose a contratar algunos publicistas para que “acercaran” ideas.
Dicho todas estas obviedades, y viendo que Escriba garabatea su dictamen acerca de la campaña de Carrió en un post de hoy, vamos a dar nuestra humilde opinión perruna de las campañas presidenciales que ya terminan. Y la vamos a dar en el orden que –apostamos, con números y todo- van a resultar los comicios de dentro de 12 días.
Cristina Fernández: No vamos a abundar sobre la no-campaña, tópico demasiado trillado en estos días. Sólo intuimos que fue una decisión no deseada, aunque correcta según las circunstancias (primacía en los sondeos, varios "errores no forzados" - al decir de Mario de Palermo- protagonizados por funcionarios del Gobierno y la decisión de no hacer olas esperando el silbato del final. Sí nos parece que hay una brecha demasiado grande entre la Publicidad y la comunicación/discurso de la candidata. Los slogans fueron: "El cambio recién comienza", "El cambio lo hacemos entre todos", "Sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo" y, por último hasta ahora, "Cristina, Cobos y vos".
Repasemos: el primero no fue sustentado con propuestas claras y concretas de qué es lo que comienza ahora. Lo mismo vale para el tercero. Ni siquiera un volantito con la plataforma, che! El segundo y el cuarto apuntan a "sumar" al votante como protagonista más allá de depositar su voto en la urna. Sin embargo, no hay ninguna invitación a la participación concreta de nadie en nada. O sea, consignas publicitarias sin sustento en la comunicación integral.
Conclusión: han perdido una maravillosa oportunidad de transformar las "expectativas positivas" generadas en estos cuatro años en "esperanzas" (dos "sensaciones" cualitativamente muy diferentes a la hora de pensar el futuro de un proyecto político).
Así y todo, nos jugamos por un 48% de piso. Perdiendo sólo en San Luis y ganando por poco en Capital y Córdoba capital.
Elisa Carrió: La campaña más tradicional de todas. Y por eso a varios les gusta. Al largar el slogan "Ya estamos para un país mejor" pensé que desbarrancaban. Porque el slogan tácitamente admite que lo peor de la crisis ya pasó o, lo que es lo mismo pero al revés, que este gobierno algo hizo bien y que podemos "aspirar" a más. Y eso no se sustentaba con el discurso de la candidata, que seguía con sus diatribas apocalípticas. Sin embargo, evidentemente bien asesorada, fue emprolijando la emisión y cerrando la brecha. Mucha "propuesta", menos denuncias, mucha presencia en los medios y bastante más guita en la calle y en la tele que cuando era "gorda y periférica".
Conclusión: Segundo lugar, con un 22%. Gana Rosario y el cordón norte de Capital. Negoción. Renace una esperanza blanca republicana.
Roberto Lavagna: Aburridísima. Inconstante. No logró instalarse nunca en el centro de ningún escenario. Y eso que el debate de la inflación le venía como anillo al dedo. Gracioso lo de los afiches, eso de anteponer el cargo a los nombres: "Presidente Lavagna", "Senador Gil Lavedra" y así. Si la idea era dar la sensación de que podían, de que estaban preparados, de que eran serios, no alcanzó. Más bien "comunican" que no llegan y que querían, aunque sea por unos meses, ser nombrados cual si hubieran triunfado.
Apostamos por un 15% como muuucho. Suficiente como para andar dando charlas por el mundo facturadas en euros.
Alberto Rodríguez Saá: Fuerte y al medio en todos sus spots y sus afiches. Le choreó el slogan al Frente Grande ("Otro país es posible"). Pero el Frente se lo había robado al Foro Social Mundial. Así que lo perdonamos. Adivinen dónde gana. Mete un 6%.
El resto no placé.
Párrafo aparte para, lejos, el mejor slogan de campaña. "Duda Mendoza de Oro" para Patti y su "Vote en defensa propia".
Bue, me cansé. Si quieren más, les paso el CBU y me garpan. Me voy a pintar un paredón. El del patio.

25 septiembre 2007

Ahora sí, empezó la campaña


Un estado de ánimo más o menos colectivo recorre la blogosfera y los medios argentinos en estos últimos días: el aburrimiento.
Si no nos creen miren ésta columna de Aliverti de ayer. O bien éste twitteo del Escriba (que bueno que volvió, lo extrañábamos).
Para colmo, Cristina parece encaminarse hacia el triunfo sin necesidad de despeinarse y sin siquiera tomarse el laburito de escribir una plataforma (aunque sea hubieran impreso un par de millones de volantes que dijeran “Más de lo mismo, pero más mejor” o algo así.
Parece que lo máximo que están dispuestos a hacer los cráneos de las campañas K es algo parecido a nuestro slogan. Según publica hoy Ámbito (no podemos linquear porque la clave que usamos es “prestada”) se vienen los afiches con: “Sabemos lo que hicimos. Sabemos lo que falta y sabemos lo que hacemos”. Ajá.
Sin embargo, la campaña sí empezó acá. Y parece que en Europa avanza el populismo de verdad. Dan ganas de irse a militar a una isla, dan ganas.