01 octubre 2008

Ya no puedo escribir

¿Qué me pasa? ¿Esto es todo? ¿Se acabó?

Hoy pensé todo el día en escribir un post. Llegué a la oficina, como todas las mañanas, después de haberme duchado, clavarme el mate despertador y chequear la síntesis de noticias en diagonal, como todos los días, con el firme objetivo de escribir un miserable post.

Llegué, decía, y miré el mail –cosa de quedarme tranquilo de que no había ningún quilombo que requiriera mi abnegada tarea prenseril- y miré Artepolítica para ver de qué andaba la cosa y leí los blogs de los amigos, cosa de no repetirme. Después de eso, como todos los días, empecé la lectura de los diarios. Clarín, Página, Crítica, Nación, Cronista, Popular, Crónica, BAE. En ese orden, que hay que ser ordenados, si no se te mezcla un Van der Kooy con un Pagni con un Piqué con un Caparrós y no sea cosa de.

En el medio prendí la tele y, entre página y página, entre teléfono y teléfono, hacía el zapping mataneuronas de rigor: TN, America 24, 26, C5N –dios les dé más operaciones prensa, gracias muchachos, me divertí mucho ayer a la tarde cuando los atendía desde el hospital-, CNN, que hay que ver cómo anda el douyons. También en ese orden, que hay que ser ordenados que se te mezcla un conductor con una conductora rubia de rulitos que está bastante buena.

Así que debiera haber escrito como diez posts hoy. Las verdades reveladas de Tenenbaum en la radio, que sube y baja Ernesto, se lo merecía. Porque todo es tan fácil, no Ernesto? La columna de Blank se lo merecía. El editorial justiciero de Adrián Ventura también. Los conductores de CNN llorando en cámara porque tienen seguros de retiro atados a la bolsa también. La presentación de Massita en diputados, con esa vocecita que, por favor, tenés razón, cállate, también.

Y sin embargo, no. Nada. Ni ganas de linquear me quedaron.

Y no es depresión, no. Es que todo me parece lo mismo, un sinfín interminable de obviedades y superficialidad. Así que yo caigo en la misma y como no tengo nada que decir, cuento que no tengo nada que decir. Lástima que a ellos le garpan por eso.

Debo tener un mal día. Necesito ver el mar, pisar la arena de mi pueblo y volver a sentir que las cosas que uno hace valen la pena.

29 septiembre 2008

La mesa de los gurúes

Me encantan las discusiones que se forman en cualquier bar, un lunes cualquiera, en una primavera dulcemente lluviosa, en una ciudad que navega hacia la nada.

Por eso, a la tardecita, me siento en alguna mesa de la oficina del Negro, pido una Imperial y tiro un tema. Preferentemente, de algo que no sepamos mucho.

Hoy no fuimos nada originales: la crisis económica mundial. Aquí abajo, una apretada síntesis de las posiciones de los muchachos. Insisto: a ver si los blogueros económicos se juegan un poco y ponen un poquito de luz. ¿A dónde va el mundo?

El Negro viene a ser el más optimista. Este es el fin del hipercapitalismo financiero mundial, el derrumbe de los papelitos de colores de los derivados y un regreso a primeros planos de la economía real. Claro que, al suceder esto, se avecina una recesión mundial de la economía real, un progresivo y acentuado cierre de las economías mundiales y, agarrate catalina, eso va a pegar sobre todo en las emergentes, en la periferia. Los países centrales van a cerrar aún más sus fronteras y, bue, ya sabemos. Insisto: el Negro es optimista.

Mendieta se juega poco. Si la crisis no traspasa el campo de lo financiero, lo que viene es una mayor concentración en ese segmento: fusiones y adquisiciones y los consiguientes megaarchihiperrecontragrosos bancos de inversión. O sea: el avance del capitalismo con más capitalismo. Con lo cual van a ser aún más poderosos e influyentes. Con lo cual van a tener aún más poder de presión sobre los Estados. Sólo que ahora le van a pedir a los Estados más garantías. Mendieta piensa que los Estados nacionales van a tener más intervención en los mercados pero aún menos poder. O sea: más presencia, pero menos menos autonomía. Con lo cual podrían avecinarse tiempos de “presidentes” más dependientes de estos megaarchihiperrecontragrosos bancos. ¿Empleados? Eso sí, si la cosa se desborda hacia la economía real vamos corriendo a los botes y que se salven los buenos.

Manolito es el más drástico. “Viene un tiempo de restauración conservadora en el mundo”. Así, rotundo. Y sobrevuela la economía y la crisis para hacer un planteo mucho más profundo, geopolítico casi. “Está en riesgo latente la incipiente emergencia de la multilateralidad. Si para ordenar este desbande se ponen brigidos en USA y cierran el grifo de los dólares por el mundo, andá olvidándote de los mercados asociativos del sudeste asiático, la comunidad de naciones del Sur y Todos por Africa. Para colmo, si es que se derrumbara el Imperio como dicen los celebradores de desgracias ajenas, no hay nadie que quiera ponerse el sayo. Es más, si hay alguien que en este momento quiere ayudar a los yanquis a parar el quilombo, deben ser los chinos. Porque los chinos se preparan para comandar el mundo hace como 60 años, pero el plan es hacerlo dentro de 40. Todo eso dice Manolito, mientras pide más maní japonés.

Pinta lindo la cosa. Me queda la esperanza de que no sabemos nada de economía. Mejor me tomo el subte, tengo planes quinquenales que empiezan hoy.

26 septiembre 2008

La vamos a seguir. Siempre.



Ustedes saben que me gustan las rutas, los caminos y los pueblos de nuestro país. Quizás me gusten tanto porque empecé a recorrerlas haciendo una de las cosas que más me gustan hacer: política. También puede ser que haya empezado a hacer política –en algún momento- para salir a recorrer rutas, caminos y pueblos.

De todos los lugares conocidos en estos largos años de militancia, tengo una conexión especial con Misiones. Cuando llegué a Posadas por primera vez -creo que en 1996 o 97- nada me unía a esa provincia. Ni amigos, ni conocidos, ni familiares, ni nada. Desde aquella vez, estuve allí, llenándome las patas de tierra colorada, unas 10 veces. Recorriendo a veces desde Posadas al norte por el Paraná. A veces –no le cuenten a muchos, que es la parte más linda y menos conocida- remontando pueblitos y ciudades por la costa del Uruguay. A veces simplemente viendo las chicas más lindas de la Argentina caminar por las veredas floridas de Posadas.

De todos estos viajes, hay uno que recuerdo especialmente: corrían tiempos de desgaste menemista y los frentegrandistas todavía teníamos una mística que pronto iba a desaparecer con la llegada de la alianza. Estábamos armando en todo el país y nos la creíamos de verdad. Llegué de noche tarde al aeropuerto y los compañeros me esperaban con una ford blanca toda destartalada. Tiré el bolsito atrás, adonde fueron a sentarse otros dos compañeros, y a mí –el que viene de Buenos Aires- me cedieron el privilegio de ir adelante. Derechito nos fuimos para el interior, rumbo al norte, pasando por Oberá. Nos tocaba Campo Grande y San Pedro el primer día, subiendo por ruta 14, y volvíamos por la 12 pasando por Montecarlo y Jardín América. Claro que en el medio de ciudad y ciudad, parábamos en casi todos los pueblos. Y en todos los pueblos alguien venía y saludaba con afecto reverencial a mi chofer, el Gringo.

Tardé varias horas en empezar a entenderlo al Gringo. Hablaba tan rápido y tan cerrado que, recién cuando el sol empezaba a asomar por el este y estábamos en medio de un camino vecinal, logré adaptar mi oído a su cadencia, mezcla de ucraniano, guaraní y español.

El problema fue que, cuando empecé a entenderlo, no pude parar de escucharlo. Y me habló del Movimiento Agrario Misionero, y me habló de las Ligas Campesinas, y me habló de cómo los molinos explotan a los tareferos desde siempre, y me habló de cómo también explotan a los chiquilines en la zafra de tabaco, y me habló de su hermano, y me habló, sobre todo me habló, del inmenso amor que sentía por sus paisanos pobres. Creo que ahí empecé a querer a Misiones y su pueblo.

Todo eso me lo enseño, una vez, hace tiempo, el Gringo Enrique Peczak, uno de los tantos maestros de mi formación política.

Ayer se murió el Gringo. Y escribo esta sencilla anécdota en su homenaje.

Gracias por todo compañero. La vamos a seguir. Siempre.

24 septiembre 2008

Una imagen vale más que…




Ni me voy a detener a pensar. Y que no lo piense es una clara demostración de que el editor de fotografía, o el editor general o el mismísimo Jorge, lograron su cometido.

La foto que ilustra la nota es buenísima. Y también es un clarísimo editorial hecho con pixels y no con palabras.

O quizás yo estoy un poco susceptible. Pero no me digan que no pensaron, por un segundo, que a Cristina le están por sacar la foto del prontuario o, peor aún, que está sentadita esperando que –como pasa en las películas- en unos segundos se corte la luz en todo el “presidio”.

22 septiembre 2008

Un post másomenos pensado

Hoy escribí en serio acá. De vez en cuando el par neuronal me hace sinapsis.

Y, ya que estamos, aprovecho la entrada para decir que me alegra la nominación de Juampi Cafiero como embajador. Juampi es un gran tipo y lo suficientemente loco como para plantarse cuando haya que plantarse en los pasillos vaticanales.

Listo.

21 septiembre 2008

La prima de Vera

Ni siquiera había cumplido los seis años cuando tuve la mala idea de pedirles a mis padres que me mandaran a la escuela primaria. El argumento que utilicé debe haber sido convincente para ellos: “me aburro en el jardín, así que no voy a ir más”.

Esa precocidad por el cambio iba a perseguirme por el resto de mis días. Aunque al abandonar la adolescencia –también precozmente, allá por los diecisiete-, decidiera archivarla por algunas décadas.

No recuerdo con claridad el primer día de clases. Supongo que habré tenido miedo frente al portón de madera que daba ingreso a la escuela de la calle Catamarca. Si fue así, también debo haberme dicho a mí mismo: “vos elegiste empezar, así que aguantate”. Eso sí, estoy seguro que ese día no lloré.

Era bien menudo y petiso, si bien tuve la suerte de no ser ni el primero ni el segundo de la fila. Aunque eso nunca me importó demasiado a la hora de pelear. A los pocos días de comenzadas las clases, recibí la primera de una extensa lista de palizas. Porque una cosa es que tuviera el suficiente valor como para no rehuir un enfrentamiento, pero otra muy distinta es que tuviera alguna remota posibilidad de ganarlo.

De todas las tundas que sufrí por esos años, la inmensa mayoría fue a manos de Vera. Luis vivía en una obra en construcción de la calle San Juan con su familia. La construcción había quedado abandonada con la crisis del 75, pero la casilla del encargado y cuidador -mayormente hecha con los tirantes que previamente habían usado para el hormigón de la planta baja- se mantenía en pié. No tengo ningún recuerdo de sus padres, sólo de su hermano Carlos –dos años menor- y de su prima.

Al empezar segundo grado, Luis ya me había trompeado media docena de veces. Supongo que no necesitaba motivos para hacerlo, así como yo necesitaba excusas para volver por la revancha obstinadamente. Pero nunca pude hacer nada contra un pibe que me llevaba una cabeza, varios músculos y un dolor oscuro tras sus ojos achinados.

Creo que fue una tarde de esas, en el segundo recreo, que en el patio de atrás lo encaré una vez más a Luis Vera. Antes, al salir con la campana, le había hecho una broma pesada a otro compañero (a esa altura, Luis no me jodía ni me hacía chistes. Sólo me pegaba de vez en cuando. Quiero creer que me respetaba). Sin decir ni mu, tomé impulso y lo calcé con la derecha en el mentón. Mientras iba cayendo al cemento alisado, me miraba y yo ya me estaba arrepintiendo. Ahí cometí el error de mi vida, me paralicé de la emoción y del agrande, y en vez de tirarme encima o patearlo en el piso, me quedé plantado delante de él. Luis se paró despacito, mientras se secaba la mezcla de saliva y sangre de su pera con el dorso de su mano izquierda. Eso es lo anteúltimo que me acuerdo. Lo último es la suela de la Flecha azul jean mientras se acercaba a mi cara. El zapatillazo me dio justo en el ojo derecho, ahí donde ahora llevo una cicatriz.

A Luis dejé de verlo cuando empecé la secundaria. Una vez, hace varios años, alguien me contó que había estado preso en Batán y que lo habían matado haciendo una salidera en el Gran Buenos Aires. Pero quien me lo contó no estaba del todo seguro, así que espero que no sea verdad.

Tampoco supe más de su hermano Carlos. Y muchísimo menos de la prima de ellos. Era hermosa. Morocha, flaca y con el pelo renegrido. Salvaje. Trepaba a los árboles usando una sola mano y jugaba al fútbol mejor que yo. Nunca supe cómo se llamaba esa nena que, a los diez años, sembró en mí -sin saberlo- la semilla del deseo. Siempre fue “la prima de Vera”.

No sé por qué extrañas razones esta noche me acordé de ella.

20 septiembre 2008

Todo pasa.

Pasan y pasan los días, los meses y los años. Pasan los barrios. Pasan los vecinos. Pasan los trabajos, los partidos, las agrupaciones. Pasan los bondis llenos y los taxis vacíos. Pasa el tren que nunca voy a tomar. Pasan los amigos y los compañeros y vuelven a pasar. Y vuelvo a pasar.

Pasan las nubes por el cielo y las estaciones. Pasan los amores.

Todo pasa.

Pero, en esta ciudad, sigo extrañando poder ver el horizonte cuando empieza a anochecer.

Avisos parroquiales

Acá arriba se ve chiquito. Pero si cliquean se agranda y se lee bien. Nombres muy interesantes: Chantall Mouffe, José Mugica, Ferrer, Hillebrand, etc.
También un seleccionado del ex-Frente Grande hoy en la diáspora. Y dirigentes de movimientos sociales como Edgardo Depetris. Y radicales progres como Silvia Vázquez. Y socialistas K como el Gallego Gonzalez o Ariel Basteiro. Y peronistas como Tomada o Marco Aurelio García.

Todos juntaditos por el hombre que está solo, espera y no hace política: Chacho Alvarez, el carismático.

Tengo saudades y voy a ir. Hasta quizá me anime y salga a bancar al populismo entre tantos de "izquierda" y "progresistas".

17 septiembre 2008

Uy, cumplimos un año

Soy muy malo para recordar fechas. Con esa excusa como mascarón de proa, aprovecho para contarles que Mendieta el Renegau cumplió un año hace cosa de 16 días. Sigue cachorrito Mendieta, pero tarasconea.

En todo este tiempo han pasado por esta cucha –sorprendentemente- unos 48.000 visitantes, escribí una decena de post que me enorgullecen y cientos que prefiero olvidar. He tenido muchas satisfacciones intercambiando opiniones con los comentaristas e hice varios amigos que estaban ahí, atrás de la pantalla. También conocí y re-conocí a un par de pelotudos mayúsculos. Pero así es la vida.

A los compañeros que me ayudaron a empezar y a seguir cuando flaqueaba. A los amigos con los que armamos Artepolitica, un sitio que me enorgullece. A los que dejan comentarios de cualquier tenor. Y a los que simplemente pasan y leen estos ladridos. Muchas gracias.

La seguimos.

16 septiembre 2008

Un blog grosso dendeveras

De vez en cuando la internet nos da sorpresas muy gratas. Acabo de encontrar, vía Twitter, a La Bonaerense, un maravilloso blog de una docente de primaria del Gran Buenos Aires. Me lo leí de un tirón y lo recomiendo fervorosamente.

Cada vez que me queje de mi laburo. Cada vez que putee porque el subte se paró. Cada vez que me vean con cara de culo por alguna estupidez muy propia de un aporteñado vecino de Caballito, háganme el favor de recordarme que visite el blog de esta maestra que es un Minón, así, con mayúsculas.


Gracias Seño.