Macri a través de sus funcionarios adelanta que piensa implementar algún tipo de admisión en los hospitales públicos para que los ciudadanos porteños tengan “prioridad de atención” por sobre los bonaerenses y los compatriotas del resto de las provincias. La cuestión es conocida y viene meneándose desde hace algunos días. Asombrarse o indignarse por esto es perder el tiempo: para ese tipo de cosas lo votaron, muchachos.
Así que, desde acá, el vizcachazo va para otro lado. Para vos Ibarra, Aníbal. Que salió a la prensa y dijo (acá y en 20 lugares más): “este acto roza lo discriminatorio”. ¿Cómo roza? ¿Roza?
¿Eso es la máximo que vás a decir? Claro, no sea cosa de malquistarse con los porteños que quieren que, efectivamente, se levante un paredón en la General Paz. Cuánto progresismo, puaj.
Hay instalada cierta opinión crítica mayoritaria contra Ibarra que sostiene que “Aníbal” es un saltimbanqui del progresismo capitalino dispuesto a cualquier trapisonda con tal de mantenerse en el poder. Fundamentan tal opinión descalificatoria en su historial de alianzas y “lealtades móviles”: fue chachista hasta que pudo autonomizarse como Jefe de Gobierno de la ciudad, “aliancista” hasta el 20 de diciembre al mediodía y el 21 visitaba su pueblo natal, Lomas de Zamora, para pactar la transición con Duhalde. Luego coqueteó con Carrió. Luego con Kirchner y ahora, legislador porteño “reloaded” se preocupa en demasía de declamar su “autonomía crítica” del Gobierno Nacional. No sea cosa que lo salpique algo feíto.
Pues bien. Nosotros no estamos de acuerdo con esa descripción maliciosa e interesada. Nosotros sospechamos que a Ibarra no lo desvela el poder ni la política. Siempre se jactó de que la política lo aburría y el poder lo tuvo varios años y no hizo absolutamente nada para retenerlo ni para ejercerlo en algún sentido.
Lo que desvela a Aníbal es la fama. Que lo saluden las chicas bonitas y le tiren besitos al aire. Que dé lindo en las fotos de los personajes de Gente. Que no se le note la pelada incipiente. Que en televisión los primeros planos capten esos ojos con brillito de ocasión. Para el caso, lo mismo hubiera sido para su ego que esa fama se la ganara como galancito de telenovelas, o integrante del equipo de Copa Davis, o como cocinero del Gourmet. Ese, y no otro, es el “noventismo” que encarna.
Pero fue “famoso” por la política, que le vamos a hacer. Y ahora pretende ser la principal figura opositora a Macri. Andá.
Los porteños estamos al horno.