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28 diciembre 2008

En el bar, haciendo campaña

- Dale, hablemos un cacho de política.
- ¿Te parece? La verdad es que no tengo muchas ganas. Hace años que no nos veíamos y malgastar el tiempo primero peleándonos y después poniéndonos de acuerdo es un desperdicio.
- Y por qué nos vamos a pelear? Somos amigos de la infancia, nos conocemos.
- Precisamente. Entonces vos vas a decir que todos los políticos son iguales, que cómo pueden ser peronistas si Perón se murió hace mucho, que la culpa es de los sindicatos y esas cosas que decís. Ojo: no sos original. Digamos que el ochenta por ciento de la clase media piensa o, mejor dicho, piensa que piensa, como vos.
- Uh, yo quería ponerle onda. Para algo me trajiste acá.
- Te traje acá porque me gusta, la cerveza es barata y hay buenos tangos. Nada que ver con la política.
- ¿Y me podés explicar por qué hace un rato cantaban la marchita?
- Porque hay algunos turistas extranjeros y queda lindo, para empezar. Es más, si la hubieras cantado, esa rubia gringa que estaba meta mirarte desde ahí se hubiera acercado a nuestra mesa para pedirte fuego e iniciar una salvaje noche de estudio antropológico con un peroncho sudaca. Jodete por gorila. Ah, también la cantamos porque hay turistas galácticos, ¿ves aquellos, en esa mesa? Bueno: son troskistas y les mostramos que seguimos siendo mayoría. Una cosa folclórica, ponele.
- Vos estás cada vez más loco.
- Puede ser. Y también más escéptico.
- Ajá! Viste. Estás crítico del gobierno, como yo.
- Seguro, aunque dudo que sea por las mismas razones. Tendría que aflojarle al escabio. Pero pedí otra cerveza y prometo hacer como que te escucho y no recordarte cada dos minutos que si fueras peronista hoy tenías una alegría.
- Ok, ahí voy. Creo, yo de política no entiendo nada, viste, que este gobierno se equivoca generando tantos conflictos, no buscando el consenso, los acuerdos entre todos. ¿Y? Dale, contestame a eso eh!
- Esa es fácil. Te joden los conflictos, que son propios de la democracia. La democracia “es” conflicto. Y te jode porque sos de clase media y la clase media es la única que potencialmente tiene algo que perder en un conflicto. Los de clase alta ya sabemos que acá no pierden nunca y los pobres pierden siempre. Quién pude perder con un quilombo? Vos. Eso te jode, aunque el conflicto te permitiera estar mejor, no te bancás la incertidumbre. Lo hablé en terapia, eso, me ha pasado en otros órdenes de la vida. Seguí.
- Tampoco me gusta que se les note tanto que lo único que les importa es acumular poder, perpetuarse.
- A mí no me gusta que a tu negocio le vaya mucho mejor que al de la competencia. Creo que tendrías que empezar a cobrar más caro, cagar a tus clientes, que se vayan al otro boliche y que haya alternancia de clientela.
- Me estás jodiendo. No tiene nada que ver.
- Ah no? ¿Por qué che? Claro que te estoy jodiendo. Capaz que tendrías que reclamarle eso a la oposición, no? Que bajen los precios y que traten mejor a sus potenciales clientes. Y seguí hablando fuerte de política que la rubia te está mirando otra vez.
- No me convenciste para nada. Es imprescindible que los gobiernos no se perpetúen. Por la República.
- Largá el casette que me aburro. Lo que es imprescindible es aceptar que no hay gobiernos neutros. Que no se puede gobernar para todos en forma individual si no, a gatas, para el bien común. Y ahí ya cagamos, porque el bien común no es común para todos. Entonces hay que aceptar que uno tiene una determinada ideología, quiera o no, y es en base a esa ideología que mensuramos las acciones de un gobierno. O sea: lo que para uno está bien, para otro está mal y se acabó. Y la democracia es contar cuántos están a favor de quién. Así de aburrido y de igualitario. Tu voto vale igual al de todos los demás, uno. Pero para no esquivarle el bulto a la cosa te voy a hacer una promesa: si yo llegara a ser Presidente y hago un buen gobierno, te prometo que te mando a buscar en el Tango para que vos me digás a quién de la oposición lo dejamos ganar, para que haya alternancia.
- Vos estás re loco. Si llegás a Presidente yo te apoyo en la reelección.
- Caíste. Te lo decía porque estoy en campaña. Los políticos somos así de mentirosos con tal de ganar un voto. Y dejá de perder el tiempo y encará a esa rubia por el amor de dios. Acordate, empieza así: “Los muchachos peronistas…”

07 diciembre 2008

Cómo somos algunos

- Yo leí eso que escribiste de que somos minoría. Y de hecho lo pienso, pero no deja de molestarme la contradicción.

- Ajá. Traé otra Stella, Rodolfo. Y decile al Gallego que deje de pichulear con los manís. Este bar se está yendo al carajo. Con el café ahora te traen esos amarettis del orto y con la cerveza palitos. ¡Estamos todos locos, amarettis! En cualquier momento el gallego cuerea el colchón y lo pone al bar Palermo cool en pleno Almagro y yo me mato.

- Ves. Ahí tenés una de las contradicciones que te decía, esas que me molestan: ahora tomamos Stella. Pero bien que te jode que las cosas cambien, se modernicen.

- No. No me molesta que las cosas se modernicen. Me molesta que se uniformen. Que no es lo mismo, aunque ahora parece que sí. Y tomamos Stella porque es más rica y trae más. Y sobre todo porque nos da el billete para garparla. Si esas son las contradicciones estamos salvados.

- No te hagás el piola. Vos sabés de qué hablo, sólo que no la quiero hacer larga y puse ese ejemplo, tan ilustrador.

- ¿No la querés hacer larga? ¿Y desde cuando estás apurado? Se supone que venimos acá, nos sentamos en ésta mesa y miramos por la ventana cómo gira el mundo precisamente para hablar de estas cosas trascendentales. Dale, dale…

- Ahí tenés. Otra de las contradicciones. Ahora estamos apurados, cada vez más apurados aunque no tenemos la más pálida idea de para qué. ¿O me vas a decir que no te pasa? Antes sentía que me apuraba a hacer las cosas pero tenía un sentido, un rumbo. Ahora me apuro porque…qué se yo.

- ¡Dijimos maníes Rodolfo! Gallego! Maníes! Ahora nos apuramos porque, precisamente, no sabemos dónde vamos. Somos náufragos de un barco llamado modernidad en mares posmodernos. Estamos jodidos, bien jodidos. No somos viejos ni pendejos de la JP. No somos setentistas ni noventistas. No somos obreros ni yuppies, aunque ser yuppies dicen que ya fue. No somos ricos ni pobres. No somos exitosos ni fracasados. No somos militantes, o sí, ni apolíticos. No nos refugiamos en cómodas certezas, pero tampoco en relativismos autoexculpatorios. Somos todo eso, definidos por la negación, como siempre, pero atracando un rato en cada playa. Habitamos nuestro propio no-lugar. Un lugar incómodo.

- Listo. Eso es lo que quería decir. O algo así. Pero sigo, sobre todo después de la parrafada que te mandaste sin tocar el vaso, sin saber qué hacer. Servime más.

- ¿Qué hacer? Linda pregunta como para título de un libro. La verdad que mucho no sé. Supongo que lo mismo de siempre: ser amigo de los amigos y compañero de los compañeros. Estudiar. Convencer. Ser convencido. Ganar. Perder. Equivocarnos como me equivoqué ayer, tratar de repararlo y pedir perdón, diciendo esto hoy. Pensar. Leer. Escribir. Llorar. Reír. Amar. Habrá días en que hacer eso lo sentiremos como una poco heroica forma de resistencia. Y otros en que hacerlo será la antesala de un inminente triunfo. Y al otro día, como siempre, vuelta a empezar.

-¿Tomamos otra? Ahora te quiero hablar de algo de verdad importante. Conocí una mina.

- Esto sí me interesa. Gallego, otra más. Y maníses Gallego!