17 enero 2012

El achanchamiento de las élites argentinas

Leemos en la Tribuna de Doctrina y acotamos:



En defensa del pensamiento plural

Por José Miguel Onaindia  | Para LA NACION



La decisión del Poder Ejecutivo Nacional de crear por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego ratifica la intención ya demostrada en numerosos actos y, muy especialmente, en la celebración del Bicentenario, de imponer una interpretación única y sesgada de la historia. (Cuál sería la interpretación "sesgada" del Bicentenario? La presencia de la Vuelta de Obligado como hito en el desfile de Fuerza Bruta? Cite un ejemplo, profesor)
Desde este campo del conocimiento se han alzado las voces más autorizadas de nuestro país para controvertir la decisión (¿y quién decidió que tales voces son "las más autorizadas" y tales otras no? Si, precisamente, habla usted de "pensamiento plural", no debiera ser respetuoso de otras corrientes de pensamiento sin descalificarlas al contraponerlas con "las más autorizadas"?) Quiero abordar el tema desde la perspectiva de la protección de los derechos humanos y el compromiso internacional que nuestro país ha asumido de respetarlos mediante la ratificación de declaraciones y tratados internacionales (Déle...hágalo)
El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos consagra el derecho a la libertad de opinión y de expresión, que incluye el derecho de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y de difundirlas por cualquier medio. La Convención Americana de Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) en su artículo 13 también consagra este derecho y aclara que comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras y por cualquier procedimiento (Ajá, estamos de acuerdo. Dicen eso)
Ambas normas son acordes con lo dispuesto en los artículos 14, 19, 32 y 33 de la Constitución Nacional y tienen su misma jerarquía según lo decidido en la Asamblea Constituyente de 1994, que otorgó a las mencionadas normas internacionales y a otros pactos concordantes de derechos humanos rango constitucional (artículo 75, inc. 22). (Ajá de nuevo)
La normativa citada incluye la libertad de investigación, interpretación y difusión de los estudios históricos, que no pueden estar sojuzgados a directivas impuestas por el Poder Ejecutivo mediante un decreto donde ya se expresan líneas de investigación, y lo que es más grave aún, se califica y menosprecia cualquier corriente contraria a la que dogmática y escuetamente funda la decisión presidencial (Alto. Tenga mano tallador. Que el decreto que funda el Instituto expresa una línea de interpretación es cierto. Que de ahí usted extrapole que por ello podrían sojuzgarse otras líneas de interpretación, investigación y difusión entra a formar parte de sus fantasías húmedas. Como historiador, digamos, pasa usted a fundar una nueva rama de la ciencia: la astrología histórica, cuyo lema podría ser "va a pasar esto porque yo lo digo)
La creación de un organismo que pretende regir el pensamiento (lo mismo que antes: ¿en dónde está comprobado que "pretende regir el pensamiento"?) vulnera claramente las normas internacionales que cité precedentemente y ataca una base de la organización democrática de nuestro país, pues implica el reconocimiento de que habrá una sola y única interpretación de nuestra historia y una parcial narración de sus hechos (Bueno, más de lo mismo una y otra vez. Usted dice que van a hacer tal cosa y por eso van a vulnerar tales derechos. ¿Lo hicieron? No. Acá podríamos hacer un poco de psicología berreta: usted, profesor, está proyectando la corriente de pensamiento a la que adhiere, la que contempla una sola visión de la historia argentina. La impuesta, precisamente, desde estas páginas de la Tribuna de Doctrina. Es jodida la vida cuando nos discuten cosas, qué le vamos a hacer)
El respeto por la pluralidad de investigaciones y corrientes de la historia es una de las formas de respetar la diversidad cultural, que, como afirma Alain Touraine, es el signo de las democracias contemporáneas: "La democracia no existe al margen del reconocimiento de la diversidad de las creencias, los orígenes, las opiniones y los proyectos" (Totalmente de acuerdo. Por eso, entre otras cosas, está bueno que surgan y se impulsen diversas miradas críticas sobre un mismo tema. Esto se llama, como reza su título, "pluralidad")
El Instituto ataca el desarrollo de un pensamiento plural y complejo y el desarrollo de corrientes historiográficas que enriquezcan el debate y nutran la memoria ( Y dale. ¿Dónde atacó el pensamiento plural? Lo que ataca es una visión monocorde de la historia. Así como otras corrientes historiográficas, también contrarias a la visión que usted sostiene, "atacan" a las posiciones de los miembros de este flamante Instituto. Como Galasso, póngale. Así que la utilización de "atacar" muestra su poca predisposición a un debate franco y enriquecedor. Lo que no se banca, profesor, es que otros piensen distinto. Por eso se siente atacado. Como los pibes dueños de la pelota, digamos). También genera para el Estado responsabilidad internacional por incumplimiento del sistema de protección de derechos humanos cuyo compromiso se asumió al realizar la ratificación de las normas internacionales. (Dele. Dele que se está por ir al pasto)
Esta no es una cuestión menor. Por el contrario, la Argentina queda una vez más expuesta a ser denunciada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por incumplimiento de derechos expresamente consagrados en la Convención, según la competencia que en la materia le asegura el artículo 44 de su articulado. (Y vamos! Vaya y denuncie. Presentesé. Tengo ganas de ver la cara de la CIDH leyendo una paparruchada semejante)
La denuncia puede ser efectuada por una persona, grupo de personas o entidades no gubernamentales constituidas legalmente que consideren necesaria la intervención de este organismo internacional para que cesen las restricciones a los derechos humanos involucrados (Déleeeee. Vaya! Vaya! Vaya! Vamos todos!)
Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional tomó conciencia de que la protección de los derechos humanos no puede quedar librada al orden interno de cada Estado, porque de ella dependen el respeto a la dignidad humana y la paz mundial. Para cumplir con ese fin, se crearon organismos supranacionales que controlan el cumplimiento del sistema (Ajá. Por eso es reconocida la cabida que se le diera a tales organismos desde estas páginas en 1979, cuando estaba en juego algunas cositas más importantes que un Instituto de Historia. Así que celebramos que en La Nación, a través suyo, se valore a los organismos supranacionales de Derechos Humanos. Porque los argentinos somos derechos y humanos)
El respeto de los derechos humanos no es un eslogan sino una cuidadosa gestión de gobierno que debe velar en todos los ámbitos su verdadero cumplimiento. Las mayorías electorales no autorizan a eludir estos compromisos con los habitantes del país y con la comunidad internacional (Ni las mayorías autorizan a eludir estos compromisos ni las minorías a refregarlos irresponsablemente cuando, sencillamente, lo que se está poniendo en entredicho es su monopolio en las interpretaciones políticas, sociales y culturales de una Nación)
Profesor: al menos en este editorial usted se comporta como un berreta importante, eh. Es el problema de las élites: después de 200 años de conformismo se achanchan. Besis.
© La Nacion
El autor es profesor de derecho constitucional y derechos culturales (UBA, UNC, UP y otras) .

10 comentarios:

Unknown dijo...

Jajajajaj, q hdp, me hiciste mear (?)

Qué pedazo de bruto. Cuánta pobreza argumentativa.

Anónimo dijo...

Excelente contraste. A veces pienso que hace falta. Otras pienso que es al cuete.
En el medio celebro que tipos como Mendieta lo hagan porque además me divierte.
Saludos
Ladislao

Lic. Baleno dijo...

Clarito y contundente. Gran parte de nuestra intelectualidad es un bluff, un club de amigos, un malentendido. Los blogs seran de pelotudos que suerte que existen, que indefensos estabamos...

Diego de Laurentis dijo...

Terrible nivel de mediocridad K, Onaindia es toda un autoridad, pero parece que algunos no terminan de acusar recibo.
Es muy triste ver como algunos ven a la ciencia histórica como un campo de batalla NacyPop, hasta allí llega su ceguera y mediocridad.
Es el mismo criterio que se aplica en el INDEC, no ya con la historia sino con la matemática, sigan así señores, sigan creyendo sus propias mentiras.

Abe dijo...

Uh, de lurentis. Ya te dije mil veces que este mediocre no te quiere acá. Si querés dejá un argumento o algo, pero dudo. Lo tuyo es la cita de autoridad, no?

Unknown dijo...

Estos tipos basan sus acusaciones en la teoría de los derechos adquiridos.
Si la historia siempre la escribieron ellos, atenta contra sus derechos adquiridos cualquier intento de presentar otra mirada (Que esté documentada fehacientemente no viene al caso)
No es muy diferente de la posición del campo y el gremio del Momo Venegas. Si el trabajo esclavo, o en negro y sin niguno de los derechos adquiridos en la ciudad se hizo siempre de esa manera ¿Como se les ocurre avanzar contra los derechos adquiridos de esta sociedad empresario-sindical?
La lógica es la misma.

Lic. Baleno dijo...

Le recomiendo a De Laurentis que se compre el libro "Combates por la historia" del prestigioso historiador frances Lucien Febvre asi al menos saca su cabeza del tacho.

Anónimo dijo...

Parece que es más importante "quién escribe" que "lo que escribe". Si tenemos conciencia de que en los últimos casi 9 años se han pateado varios tableros, de ésos que eran considerados inamovibles, no resulta difícil comprender las insoportables letanías del poder establecido del cual el Sr. Onaindia forma parte. Es mucho más simple de lo que pueda imaginarse: ¡NO QUIEREN CAMBIOS! Ni sociales, ni económicos ni filosóficos y mucho menos históricos. A ver si ahora un gobiernito de morondanga le va dá cuerda a un grupete de charlatanes para que nos vengan a CAMBIAR LA HISTORIA RECONTRAOFICIAL. ¡Basta! Sigamos festejando el Día de la Raza en este hermoso país occidental, cristiano, derecho y humano.

Saludos
Tilo, 70 años

Desocupado mental en la era del blog dijo...

Diego de Laurentis: ¿es pariente de Dino de Laurentiis? Aunque su interpretación de la historia tiene más de "dino" que de Laurentiis. Se quedó en el concepto historiográfico de Leopold von Ranke, más o menos. Tiene todo el pasado historiográfico por delante.
Saludos académicos!!

Anónimo dijo...

Mientras lo peor que pueden decir de este gobierno es lo que según ellos va a pasar - pero no ha pasado - o lo que podría pasar, estoy tranquilo: no es el mejor gobierno del mundo, pero del otro lado hay poco más que nada.

Marcelo, el gaucho