29 agosto 2011

Más viento, mucho más viento.




Esta historia que voy a contar te pasó hoy al mediodía. A vos. Así que prestá atención.

Como ahora trabajás por tu cuenta llevás la oficina en una mochila. Te dejaron de pesar el traje, la corbata, los gerentes, los expedientes y las declaraciones juradas. Pero lo que pesa, ahora, que vas liviano por la vida, es la mochila con la notebook, la agenda, el cargador, el cuaderno, los lápices y el resaltador verde.

Entre reunión y reunión, caminando el microcentro, decidiste parar en un bar, tomar un cortado, responder correos, revisar una encuesta, llamar a un par. Así que sacás la computadora, te ponés un solo auricular en el oído izquierdo –no sea cosa que suene el teléfono- y le das play a Bob.

Y estás en eso, tranquilo, concentrado en lo tuyo, cuando de pronto al lado se para un pibito que vende calcomanías.  No quiero, gracias, oís que dice tu boca en modo automático. Pero el nene mira la compu y te dice: ¿puedo escribir una cosa?¿puedo probar? Ahí te sacás el auricular y le prestás atención en serio por primera vez.

Así que le preguntás: ¿Qué querés escribir? Quiero escribir “Luna”, te dice. Y vos le decís, vení, sentate, querés un sanguche y una coca? Mozo, un sanguche y una coca. Abrís el Word, le pones 36 de fuente: dale, escribí luna. El nene busca la ele, tarda, pero la encuentra y la apreta. Así no, quiero la otra ele ¿La mayúscula? Sí, esa. Caps Lock. L. Ahí está. Dale, seguí. Ele, u, ene, a.
LUNA.
Preguntás, sos periodista: ¿Por qué escribiste Luna? Mi papá se llama así. Ah, ese es tu apellido, entonces. Mi hija se llama Luna, pero de nombre. Y vos cómo te llamás? Dilan, me llamo Dilan. A la mierda, mirá, escuchá esto, ponete el auricular: el señor que está cantando se llama Dylan, pero de apellido. Bob de nombre. Me gusta, dice, pero no le entiendo. Yo tampoco, pero no importa.
Me imagino que vas a la escuela, no?, preguntás de vuelta. Sí, voy. Estoy en segundo. Dale, escribí tu nombre antes del apellido de, i, ele, a, ene:
DILAN.

Después juntos ven en internet la camiseta nueva de Boca y las fotos de Riquelme, pero se te acaba el descanso. Así que le decís: me tengo que ir a trabajar Dilan, vos quedate y terminá el sanguche y la coca tranquilo. Bueno, gracias señor. No, de nada, chau. Espere señor! No se vaya! Le quiero regalar estas calcomanías de gatitos, son para chicas. Llévele a Luna de regalo.

Esta historia te pasó a vos hoy al mediodía, en el microcentro. Lástima que no la inventé. Sería casi hermosa.

Cuanto viento nos falta soplar aún.

21 comentarios:

Tuqui dijo...

Que linda la historia!
Y sí, falta soplar bastante todavía. Pero cuánto que hay hecho ya, eh?
Abrazo

Javier Ramos Mejía dijo...

Excelente

Torcuato Burone dijo...

Tremendo, amigo perro. Para leer cada vez que sentimos que es al pedo, que entre porotitos que uno suma viene un hijo de puta y junta carretilladas. Es esa, un nene de carne y hueso al que uno puede hacerle pasar un buen rato, pero a la vez es el objetivo de todo empujón, de toda pecheada porque esto se consolide y profundice. Abrazo.

Alexa dijo...

Que hermoso...!!!! Esta contada de una manera ademas, que me hace pensar realmente que lo viví. Gracias por esta belleza

Flavia dijo...

Beio. Me hizo atragantar un poquito.

diego pp dijo...

que hdp, me hiciste lagrimear.

abrazo

Mensajero dijo...

La comunicación no es posible, pero los corazones sí se comunican.
Bellos seres se descubrieron en el microcentro.

Adal El Hippie Viejo dijo...

bellísima historia !!

¿Cuántos caminos tiene que andar un hombre antes de que le llaméis hombre?
...y si, hay que seguir soplando en el viento

saludos

Adal

Kary Gonzalez dijo...

Hermoso leer esta historia de mañana...

saludos mendieta,
K

MrsMixtiplix dijo...

Ya le va a tocar la netbook, a shelter from the storm.

el PIDE dijo...

si es verdad cuantas casualidades y cuanta ternura. Y si la pensaste que bien escrita. slds

Luz dijo...

Que lindo, inundaciones de ternura.

Saludos

elián dijo...

Lo muy bueno del relato es el detalle de la escolarización del niño. Ese detalle lo convierte en un relato muy de época, y que señala la posición política. Es un detalle que dice: sí, hay niños en la calle vendiendo calcomanias, pero estamos mejor, el pibe este come y va a la escuela, y tiene un padre presente. En los '90 este relato no era posible.

PAblo, militante freelance dijo...

Muy buen relato. Encierra muchas cuestiones.
Quizá los últimos gestos de inocencia que va a tener un nene que ya labura de grande.
La llegada de la AUH, probablemente la causa que lo empujó a la escuela.
Y cómo a veces los progres nos hacemos los boludos de manera automática frente a estas situaciones. Y cómo a veces no.

Micaela dijo...

LA ternura, tío Mendieta, me hizo lagrimear!!

Federico dijo...

Se emocionan que haya nenes vendiendo calcos en pleno microcentro que no conocen una computadora? La verdad que muy conmovedor, forros

Laura dijo...

Supongo que no te referirás al autor del blog, quien claramente transmite dolor, dolor. Esa realidad (le) duele. Integra aspectos en que se a avanzado con aquellos que faltan, en este caso, de los más doloros que faltan. Ese nene es la causa de por qué seguimos apostando, comprometidos y sin olvidarnos de que es nuestro derecho y obligación recordarlo y reclamarlo.

Ale dijo...

Federico querido, no entendiste nada. Que lástima, porque es muy buen texto.

sofia martina dijo...

Precioso, los nenes son lo más, siempre saludo y colaboro con los que te dan la mano y un beso. Es increible que conserven tanta dulzura con la vida de mierda que llevan. Genial haber musicalizado la historia ;)

graciela b. dijo...

Lo mejor del post es el momento del juego con la computadora, la espontaneidad del chico que quiere ver su apellido escrito, el orgullo porque lo sabe escribir. Que los niños trabajen no sólo está fuera de la ley sino también de cualquier concepción de un mundo justo que podamos tener. Pero con respecto a la pobreza y el mundo que se organiza alrededor sobrevuela (no en el post, sino en todos nosotros) una mirada compasiva que me desconcierta. Primero, porque la compasión es paralizante; segundo, porque no tenemos derecho. Creo que hay un mundo de valores que desconocemos y que se mostró en la charla sin trabas de Mendieta con el chico. Por eso me siento en falta cuando siento pena: ¿quién soy yo para sentirla?

Laura dijo...

No me vas a creer, pero hoy (no al mediodía, sino a las 5 de la tarde) estaba con mi netbook laburando en un bar del centro y se me acercó un chico a venderme unas calcomanías de algún dibujo animado que no conozco. Miró la netbook y me dijo si podía escribir, sí le dije, y me dijo: yo sé, y escribió su nombre, y era Dilan Jorge Gabriel Luna, y casi me desmayo, por que me acordé inmediatamente de tu post. Estuvimos un rato sentados jugando, y se fue con una sonrisa, y yo me quedé con una sensación tan extraña.... y ahí volví a leer lo que escribiste...