13 marzo 2008

Para que lean en Puerto Madero. Y en Morón.

Se asume, sin vueltas, como de centroizquierda. Nacional y popular. Aunque es “respetado” por todo el progresismo y el centrorepublicanismo(?), incluyendo ese que ha calado hondo en los medios. Hasta La Nación lo trata bien. Sigue siendo “joven”. Es pretendido por la cooptación oficialista. Y por Binner. Fue pretendido por Carrió, pero por suerte zafó de consumar. Ha demostrado gestión concreta –esa cursada obligatoria según el “sentido común” de los periodistas de opinión- por varios años, sin tenerla fácil al principio. Da lindo en la tele con esos anteojitos. Tiene discurso. Supo moverse bastante bien para no quedar preso del oficialismo nacional ni tornarse un opositor tontamente virulento. Surfeó, bah.

En síntesis: mide.

Aunque también: en algún momento debe dejar sus pagos y saltar. Saltar no es fácil, pero hay momentos en que no avanzar es, sencillamente, retroceder. Trató de armar, pero hasta ahora mucho que no puede. Debe asumir, aun a regañadientes, que hay momentos en que sin encuadramiento nacional, uno termina más cerca de transformarse en un vecinalista que un dirigente político. No puede seguir vendiendo por siempre que es la renovación, lo nuevo, de la política. Ya es hora de que su tópico de comunicación no sea “lo nuevo”, sino “lo hecho”. Y, sobre todo, lo que está dispuesto a hacer a partir de ahora.

En síntesis: ¿Qué tal si te jugás?

Y también:

Necesitamos, queremos, anhelamos, andamos buscando, alguien para ganarle al buenazo de Mauricio en el 2011. Y para eso hay que plantar un candidato en la Ciudad en el 2009, para enfrentar a Michetti.

Así que, dicho todo esto, simplemente: Néstor, Martín, les regalo la idea.

Ah, me olvidaba. Sabatella nació en Mataderos. Si llega a cuadrar, no se olviden de este perro que juega en la mesa de arena.

12 marzo 2008

Una crítica de Crítica. Metacrítica, nomás

Del nuevo diario Crítica ya se ocuparon acá, acá, acá y, seguro, en algún otro blog que ahora se me escapa. Así que no voy a sumar otra columna crítica de Crítica. Sí, el diario es flojito y cuesta encontrar notas profundas para leer. La diagramación hasta ahora no me gusta, especialmente la de C, la revista de los domingos. Urgente una tapa nueva que parece un folleto de Easy (digo hasta ahora, capaz que en unos meses me “acostumbro” y me empieza gustar).
Tampoco me voy a detener a analizar la figura de su flamante director, el negocéntrico de Lanata. Ha hecho buenas cosas en el periodismo argentino y varias porquerías. Como muchos, salvo que el personaje lo come cada día un poco más, pero bue… (y sí, yo uso puntos suspensivos). Y me abstengo de linquear acá el video promocional “El último diario de papel”, porque me da un poco de vergüenza ajena.
Pero convengamos que está bueno que haya otro diario más y propongo que le demos su tiempo. Hay ahí varias plumas interesantes y algunos amigos. Y uno siempre quiere que a los amigos les vaya bien.
Dicho esto, hoy que me levanté bueno, comprensivo y republicano, una cosa:
-Si no afina la puntería, le va a costar encontrar el nicho de lectores. Simplifico: si van a hacer de “Crítica” un diario netamente opositor a este gobierno no le veo sentido al lanzamiento. Para eso están La Nación y Perfil. Lo mismo diría si la idea era hacer un diario “oficialista”: para eso ya está Página12. Yo esperaba que el flamante periódico se dedicara a ser un furibundo opositor a todos: kirchnerismo, macrismo, carriosismo y todos los ismos que anden dando vueltas por ahí. Y eso, hasta ahora, no se ve en Crítica. ¿Me explico, Jorge?
Y para fundamentar esto, el siguiente diálogo de verdad verdadero de ayer entre Eulogia y nuestro kiosquero amigo:
- Hola. Te quería pedir que no dejes más Crítica los domingos, era por el número 1 nomás.
- Uhhh, tá bien. Pobre gordo.
- ¿Pobre gordo? ¿Por qué?
- Porque el primer domingo agotó, pero en la semana como el 80% de los que habían pedido el número 1 vinieron a decirme lo mismo que vos.
¿Qué jodida que es “la gente”, no?

10 marzo 2008

¿Estaremos volviéndonos WASP?

La noticia es ésta. No tienen ganas de cliquear, simplifico: “El gobernador de Nueva York admitió haber sido cliente de una red de prostitución”. Ajá. ¿Y entonces?

Entonces que Clarín.com pregunta a sus lectores: “¿Cree que alguien en la situación de Spitzer debería renunciar a su cargo?”. Ya de por sí me sorprendió que propusieran esa encuesta. Convengamos que los argentinos -a diferencia de los estadounidenses- nunca nos preocupamos, por suerte, de la vida privada, sexual, amorosa, fiestera, de nuestros políticos y políticas.

Así que mucho más me sorprendió ver cómo va la encuesta al momento de escribir este post. Miren los resultados.

Como diría Fabio: “¿Qué nos pasa a los argentinos, eh? ¿Estamos todos locos?” A ver si damos vuelta este resultado…y salvaguardamos nuestras tradiciones nacionales, che.

08 marzo 2008

Un club


Cuando ya iba dejando de ser chico, allá en mi pueblo, si algo había aprendido a envidiar de otros pueblos y ciudades bonaerenses, eran los clubes. Sí, los clubes. Mi pueblo nunca tuvo un buen club. Estaba el Social Deportivo y la Asociación de Fomento pero…

El Social tenía, como todo patrimonio, una cancha de 11 que era un verdadero potrero. En los pozos podías encontrar petróleo, marcaban las líneas una vez cada cuatro meses, las redes de los arcos las ponía el canchero sólo cuando jugaba la primera y los vestuarios (una licencia del lenguaje llamarlos así) eran un desastre. Las chapas del techo, como resabio de oportunos piedrazos lanzados por ocasionales perdedores visitantes, tenían más agujeros que un colador. No había agua caliente ni por asomo y las paredes, hechas de sencillos bloques sin revoque, eran tan viejas que el sol se filtraba por las hendijas produciendo un efecto lisérgico al mezclarse con el olor a pis. Para colmo de males, ahí jugaban y entrenaban “los grandes”, que competían en la Liga de La Costa. Así que, muy de vez en cuando, a la hora de la siesta, podíamos jugar a la pelota ahí, en el lugar en donde supe estrenar unos Fulvencito negros con rayas blancas y tapones cuadrados que me había mandado mi abuelo de regalo.

La Asociación de Fomento era algo diferente. Había Sede Social, al lado del CineTeatro y la Biblioteca, esa a la que, todavía, tengo que ir a devolver un libro de Salgari. También había una calesita que funcionaba en verano y, atrás de todo esto, una cancha de papi fútbol, con un piso de cemento alisado tan a la bartola que te tenían que quebrar una pata para que te animaras a tirarte al suelo. Ahí se hacían, los fines de semana, los campeonatos de infantiles. Ahí jugué por primera vez en forma “oficial”, con camiseta y todo.

Recuerdos. Ir a la cancha del Social, en las noches de primavera, para ver como jugaban los campeonatos “intercomercios”. Porque a pesar de que había cuatro focos locos le habían encontrado la vuelta al tema de la iluminación. Era sencillo: ya que no había tribunas, como resultará obvio a esta altura, se “entraba” con auto y todo, así que los que iban llegando dejaban las luces de los Falcon, los 404 y las F100 prendidas.

En la cancha de la Asociación tuve mis primeros delirios de grandeza. Nunca supe muy bien por qué, ya que jugaba de delantero, pero mi fantasía infantil no tenía que ver con hacer goles. Era así: un día nuestro arquero se iba a lesionar, yo iba a entrar en su reemplazo porque no teníamos más cambios y sacaba, en el último minuto, una pelota que iba al ángulo. Para que el sueño funcionara era imprescindible que al costado de la cancha, mirando mi acto heroico y salvador, estuviera esa morocha de trenzas que me volvía loco y, sí, me hacía soñar despierto. Terminaba el partido, todos me abrazaban y yo me volvía valiente para invitarla a tomar un helado.

La otra canchita de fútbol estaba atrás de la iglesia. El cura del pueblo era un croata duro y tosco que nunca aprendió a hablar bien castellano. Pero tuvo una idea proselitista genial: hacer una canchita para los que iban a catecismo. Así que era un negocio bastante redondo para nosotros, una hora de catecismo semanal y 20 horas en la canchita. Nunca creí tanto en dios como en aquellos días.

Como les decía, había esto. Pero clubes, clubes, así, de verdad, nunca hubo. Vaya a saber por qué. Quizás a que, como en todo pueblo turístico, sin historia profunda ni tradiciones, la mayoría de sus habitantes se sentía más bien de paso. Quizás a la falta de una dirigencia comunitaria inteligente, quizás a que en el pueblo de al lado había un club grande y nosotros éramos más bien un barrio satélite. Quizás a una mezcla de todo esto.

Ya hace más de veinte años que me fui de ahí, mi patria, y no creo que algún día vuelva para quedarme. Pero si llegara a volver, fija, prometo, garanto, fundo un club.

07 marzo 2008

Lo que importa es la unidad. La traición va y viene

Mendieta estuvo, obligado por ciertas circunstancias, todo el día tirado delante del televisor. Así que se vio de punta a punta la Cumbre del Grupo Río. Creo que es la primera vez que se detiene más de diez minutos en un encuentro de estas características. Como a todo perro suburbano, cuando le hablan de Relaciones Exteriores le viene a la mente un cliché: chaboncitos de esos que hablan cuatro idiomas, que montan coches negros y que se la pasan de recepción en recepción mientras morfan canapés de caviar y se vuelven alcohólicos de puro embole. Claro, Mendieta detesta las hipocresías de la diplomacia.

Será, precisamente, por eso, que ésta Cumbre de mandatarios latinoamericanos le pareció tan entretenida. Vamos, que se dejaron de vueltas y se tiraron tanta fruta en la cara que reíte de una reunión de consorcio.

No creo equivocarme al decir que, seguramente, esta reunión pasará a la historia. Y que se escribirán miles de líneas en los periódicos y, quizás, hasta un par de libros. Pero aprovechando que es de noche y todavía no salieron los diarios de mañana para influenciar nuestra percepción de lo ocurrido, me juego con tres apreciaciones rápidas y al pasar:

UNO: Más allá del saldo final de “acuerdo” entre Colombia, Ecuador y Venezuela, los mandatarios latinoamericanos acaban de poner un freno grande como el Cono Sur a la influencia ajena (estadounidense?) en la región. Parecieron decir: “Que nos peleamos y nos arreglamos solos, carajo”.

DOS: Que el principal artífice de este resultado se mantuvo en bambalinas. Como corresponde a quien mueve los hilos.

TRES: Que la mejor sesión “parlamentaria” que recuerde en muchos años fue protagonizada por los Presidentes de las distintas naciones que conforman el Grupo Río. Quizás sea un signo de los tiempos. Hasta en esto se nota que los parlamentos de los parlamentarios (diputados, senadores) van para atrás.

05 marzo 2008

A los perros nos molestan los ruidos de las bombas

Hay pocas cosas de qué escribir, de qué hablar, en esta tarde gris. Una es la interna del PJ, pero me aburre casi tanto como leer esto. La otra es tirar algunos apuntes sobre el conflicto tricolor Colombia, Ecuador, Venezuela. Ayer tomábamos café con el Escriba y hacíamos la siguiente evaluación: hoy por hoy, una guerra puede llegar a ser conveniente para todos esos actores.

Uribe refuerza los márgenes de apoyo social interno aún más (por cierto, ¿cómo harán las encuestadoras colombianas para hacer sondeos de opinión “nacionales” si las FARC controlan no sé cuanto por ciento del territorio?) y termina de consumar sus relaciones carnales con Estados Unidos (otro paréntesis. Bien transparente lo de Bush: “apoyamos a nuestros aliados en Sudamérica y les recordamos a los congresistas colombianos que voten el TLC”. Esa es mi gente, fuerte y al medio).

Chávez aprovecha la volada para seguir polarizando hacia dentro de Venezuela y hacia afuera. En su interminable carrera de “movilización social permanente”, ¿qué cosa más movilizante que un conflicto armado?

Correa, desde Ecuador, aprovecha la volada para fortalecerse en su “nacionalismo”, aumentar el apoyo popular y presentarse al mundo. Entonces da notas en la CNN y le hace ojitos a Patricia Janiot.

A ver. Éste análisis de “conveniencia” está hecho desde una óptica “política”. Está claro que, militarmente no es así, pareciera que los colombianos tienen más armas, quichicientos soldados más y, sobre todo, andan en guerra hace como 40 años con las FARC. Vienen entrenados.

Pero como nosotros pensamos que la guerra es la continuación de la política por otros medios, andamos preocupados. No nos gusta que, cuando estábamos creciendo tranquilos en el patio trasero, nos empecemos a cascotear.

Así que, desde acá, les prendemos velas, hacemos votos, prometemos festejar sus futuros triunfos en los mundiales y bailar samba hasta el amanecer, si el único actor de fuste en la región manda a parar. Brasil, Lula, Itamaraty: en ustedes confiamos.


NOTA AL PIE:

En realidad, el contenido de fondo de este post es autoría del Escriba, pero como andaba medio chupado producto de la alegría de aparecer –junto a La Barbarie y Lobo Estepario- en la Gran Guía de los Blogs 2008, yo me aproveché de su debilidad y, mientras asentía con la cabecita a sus sentencias, iba pensando en chorearle sus ideas. Es que quiero ser un gran periodista, como el que dirige éste emprendimiento.

24 febrero 2008

Pregunta para los que saben de Economía Política

En el diario La Nación de hoy, en la columna editorial, Mariano Grondona escribe: “la ceguera de los candidatos demócratas norteamericanos cuando, quizá porque están en campaña, proponen revisar los acuerdos de libre comercio entre el Norte y el Sur que se están gestando, como en los casos de Colombia y Perú, o incluso los que ya llevan casi dos décadas de éxito innegable, como en el caso de México”.

¿Éxito innegable el NAFTA? ¿De verdad? ¿En serio? ¿Éxito para quién?

A ver los blogueros y lectores conocedores de Economía Política: ¿quién se anima a fundamentar la negación? Salvo que Mariano tenga razón en algo por primera vez en dos siglos...

23 febrero 2008

Sentir a distancia

La idea es un poco loca. Y casi seguro que es tonta y equivocada. Por ende, ya debe haber varias tesis escritas sobre ella y hasta un par de libros que se compran en las librerías de Marcelo T.

De hecho, quizás ni siquiera sea una idea mía, de esas que uno realmente inventa. Pero, confesémoslo, Mendieta es de esa clase de lectores que lee algo e inmediatamente se olvida dónde lo leyó y quién lo escribió. Lo mismo me pasa con las películas, los directores y los nombres de actores. Esta dis-cualidad fue un gran problema mientras me enfrentaba a una mesa de examen y una bendición a la hora de sanatear. Digamos que, como verdaderamente no me acuerdo si tal cosa la leí o no, no necesito andar citando a ningún consagrado por el sistema académico para fundamentar nada. No hay culpa, no hay choreo.

Hecha la introducción, a los bifes:

En una sociedad centrada en la imagen, sensibiliza más lo transmitido por TV que aquello visto a través de nuestros propios ojos. Si, además, lo transmitido por TV cumple ciertas reglas de narración adecuadas, ciertos recortes de sentido apropiados y se lo musicaliza convenientemente, no duden que podemos hacer llorar a una piedra.

Claro que, este tipo de “sensibilización” de segundo orden es cualitativamente diferente a la “sensibilidad” generada cuando uno pone el cuerpo, cuando uno está ahí. La primera está, precisamente, “mediada”. Hay allí una distancia, una lejanía. Y es esta distancia la que oblitera cualquier tipo de asunción de responsabilidad o compromiso para modificar, o al menos intentarlo, las causas primarias de esa situación “sensibilizadora”.

La “sensibilización” mediática es así, tan posmoderna. Dura lo que dura el informe del noticiero o la entrevista por la radio. Genera un “pobre gente, que barbaridad” veloz, instantáneo y efímero. Y siempre se puede recurrir al control remoto si la cosa dura “demasiado”. Pobre gente los inundados de Salta, los aborígenes de Formosa, los campesinos desalojados de Santiago del Estero.

Eso sí. Que no se les ocurra acercarse a dónde yo vivo, cortarme la calle en una manifestación, acampar en mi barrio. Porque claro que jode que se te instalen enfrente de tu departamento un contingente de cartoneros a vivir. Pero es una doble molestia: una superficial, concreta diría; la basura, el ruido, los llantos de los bebés, el olor a torta frita. La otra, mucho más profunda, cuasi inconsciente: están ahí, son de carne y hueso, los veo con mis ojos, no puedo tocar el botón y cambiar de canal, podría ser ellos si yo no fuera yo. No sólo son un “otro” ajeno, son un “otro” al lado mío y esto está mal y yo debiera hacer algo para cambiarlo. Ma sí, que los saquen con la infantería de una vez. Grande Mauricio. Esta vez estuvo bien ese de Aníbal Fernández que dejó que la Policía haga algo, eh.

Es como si la mediatización de la exclusión social anestesiara el músculo de la reacción concreta ante las injusticias. Y esto en el mejor de los casos. Porque aparte están los hijos de remilputa que no les importa un carajo nada de nada. Y que, para colmo, cada vez parecen ser más.

Sentir cada injusticia del mundo como si fuera en carne propia no tiene mucho rating hoy por hoy. No mide. Vivimos tiempos jodidos para los sensibles de buen corazón.

20 febrero 2008

Autobombo

Ustedes ya saben que no entiendo mucho que digamos de internet, 2.0, blogs y este tipo de cosas. En realidad supongo que no entiendo mucho de nada. Seguramente varios lectores se horrorizarán ante lo que voy a decir: para mí la computadora es como una máquina de escribir sólo que más cómoda.

Y como no entiendo mucho de esto es que a cada rato estoy pidiéndole a los amigos que me expliquen cómo linquear o subir un video o simplemente enlazar a los directorios de blogs que, supuestamente, te posibilitan más entradas. Qué se yo.

La cuestión es que, de vez en cuando, miramos la cantidad de lectores diarios y cómo medimos. Y hete aquí que acabo de darme cuenta que, desde su creación, allá por septiembre de 2007, Mendieta el Renegau ha sido visto y leído más de 13.500 veces.

Para algunos será mucho, para otros muy poco.

Pero para nosotros 13.500 es más o menos como que llevamos un Luna Park lleno. Tomá mate.