Hace 75 días que el país casi que no habla de otra cosa: el conflicto “del campo”. Que las organizaciones patronales del campo no hablen de otra cosa está bien. Que los medios centralicen su agenda en esto es natural. Lo que es imperdonable es que el gobierno nacional no hable de otra cosa. Mejor dicho: que no haga otras cosas.
Demos por cierto la tesis oficial de que aflojar en este tironeo sentaría un mal precedente sobre la gobernabilidad (¿se acuerdan de este concepto?) y de su capacidad –legítima- de conducir los destinos del país. Que hacerlo sería perder capital político a futuro, margen de maniobras, poder en el mediano y largo plazo. Hecho. Lo notorio es que, de persistir en este inmovilismo, ese fantasma a futuro es el que se corporiza en el presente. Y el futuro llega hoy.
No todos los argentinos somos “el campo”. Hay otros sujetos sociales, económicos y políticos pastando por ahí. Es hora de interpelarlos. Con otra agenda de gobierno, con acciones, con propuestas. Un paquete de medidas contra la pobreza y la desigualdad, ponele: aumento de jubilaciones, rebaja del IVA para la canasta básica, un plan universal de ingresos para los pibes. Cosas así. Medidas que fundamenten -más allá de la retórica- el por qué este gobierno está en una encrucijada con un importante sector de la economía nacional.
Lo malo de estar mucho tiempo en una mala situación es que te terminás acostumbrando y aceptándolo como natural. ¿Qué tal si se mueve el tablero?
De los laberintos se sale saltando el alambrado.