
En el blog de Ana C., que siempre que escribe tiene el hermoso don de hacerme imaginar, ella y sus comentaristas nos cuentan sus “primeros” recuerdos políticos. Me sumo desde acá.
Tengo dos, sólo que supe que eran “políticos” varios años después.
1) Año 1978. Tercer grado. Por nota, citan a mis padres a la dirección de la escuela. Antes de presentarse, me interrogan en la cocina: “¿qué cagada te mandaste?”, “Ninguna, bah, no sé”.
Espero sentado en el cordón de la calle Catamarca que mi vieja salga. Cuando lo hace, sólo me mira y larga un “voy a tener que leer tus cuadernos todos los días”. No me reta, ni me pone en penitencia. Algo había hecho mal de verdad, pero seguía sin saber qué.
Me entero quince años después, de la boca de la mismísima Directora: “Tu maestra había dado como tarea una redacción libre. Vos escribiste sobre el secuestro y el asesinato de Aldo Moro, defendiendo lo hecho por las Brigadas Rojas. Cuando tu maestra lo leyó, se asustó y me vino a contar. Llamé a tus viejos para decirles que no hablaran de política delante de los chicos. Ya pintabas como problemático”. De lo único que me acuerdo de esa época, es que me gustaba leer el Clarín en la carnicería de mi viejo. También comprendí después por qué no se hablaba de política en mi casa.
2) Supongo que fue el mismo año. O el anterior. Almuerzo de domingo en casa de familia amiga. Los hermanos de mi amigo eran “grandes” y bomberos voluntarios. Llegan del cuartel y no quieren almorzar. “No tenemos ganas”, dicen. Después, en la sobremesa, mientras intentábamos que la “lluvia” de la tele nos dejara ver a Reutemann en una carrera de F1, empiezan a contar, hablando bien bajito. Yo me escondo debajo de la mesa para escuchar. “Hoy encontraron tres cuerpos en la playa. Los trajo la marea. Están deshechos, les cortaron los dedos. Tuvimos que llevarlos al hospital de General Lavalle y dejarlos ahí.”. Éste recuerdo lo tenía borrado hasta que muchos años más tarde se conocieron los vuelos de la muerte. Cuando empecé a militar políticamente, con la juventud, tratamos de que el caso se conozca. Hoy ya han recuperado su identidad varios desaparecidos enterrados como NN en ese cementerio. Entre ellos, Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Hay una película de investigación sobre el tema hecha por estudiantes de periodismo de Santa Teresita, pero nunca pude verla entera. No puedo. Ésas son las playas de mi infancia.
Tengo dos, sólo que supe que eran “políticos” varios años después.
1) Año 1978. Tercer grado. Por nota, citan a mis padres a la dirección de la escuela. Antes de presentarse, me interrogan en la cocina: “¿qué cagada te mandaste?”, “Ninguna, bah, no sé”.
Espero sentado en el cordón de la calle Catamarca que mi vieja salga. Cuando lo hace, sólo me mira y larga un “voy a tener que leer tus cuadernos todos los días”. No me reta, ni me pone en penitencia. Algo había hecho mal de verdad, pero seguía sin saber qué.
Me entero quince años después, de la boca de la mismísima Directora: “Tu maestra había dado como tarea una redacción libre. Vos escribiste sobre el secuestro y el asesinato de Aldo Moro, defendiendo lo hecho por las Brigadas Rojas. Cuando tu maestra lo leyó, se asustó y me vino a contar. Llamé a tus viejos para decirles que no hablaran de política delante de los chicos. Ya pintabas como problemático”. De lo único que me acuerdo de esa época, es que me gustaba leer el Clarín en la carnicería de mi viejo. También comprendí después por qué no se hablaba de política en mi casa.
2) Supongo que fue el mismo año. O el anterior. Almuerzo de domingo en casa de familia amiga. Los hermanos de mi amigo eran “grandes” y bomberos voluntarios. Llegan del cuartel y no quieren almorzar. “No tenemos ganas”, dicen. Después, en la sobremesa, mientras intentábamos que la “lluvia” de la tele nos dejara ver a Reutemann en una carrera de F1, empiezan a contar, hablando bien bajito. Yo me escondo debajo de la mesa para escuchar. “Hoy encontraron tres cuerpos en la playa. Los trajo la marea. Están deshechos, les cortaron los dedos. Tuvimos que llevarlos al hospital de General Lavalle y dejarlos ahí.”. Éste recuerdo lo tenía borrado hasta que muchos años más tarde se conocieron los vuelos de la muerte. Cuando empecé a militar políticamente, con la juventud, tratamos de que el caso se conozca. Hoy ya han recuperado su identidad varios desaparecidos enterrados como NN en ese cementerio. Entre ellos, Azucena Villaflor, fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Hay una película de investigación sobre el tema hecha por estudiantes de periodismo de Santa Teresita, pero nunca pude verla entera. No puedo. Ésas son las playas de mi infancia.
Termino de escribir esto y pienso con serena alegría que, dentro de unos años, mi hija -que hoy tiene más o menos la edad que yo tenía entonces-, tendrá recuerdos políticos mucho mejores de su infancia. Aunque todos los días nos quieran hacer creer que no.