19 abril 2012

Los que saben ladran mejor

Hay silenciosos lectores de este blog que lo engalanan. Y que dicen lo que uno no sabe decir:


Querido Mendieta:
La “unidad nacional” de los españoles me despierta una sensación que ciertamente la palabra enojo no nombra. Tal vez, en mi caso, se trate de algo así como resignación. Resignación a que las etiquetas que un día dieron cuenta de “otra España que quiere vivir y a vivir empieza” se hayan reconvertido a la condición de socios pasivos y vergonzantes de los grandes negocios multinacionales. No creo que la España de Miguel Hernández y de Antonio Machado sea hermana de la de Aznar y de Fraga Iribarne, tanto como no me siento hermano de Magnetto o de Mitre.
No me enorgullezco de la unidad nacional que apoyó la destrucción neoliberal de los noventa. Admiro a quienes expresaron lo que vos llamás “minoritarios matices” contra el desguace del Estado (pienso, claro está, en Germán pero también en Moyano). Gracias a quienes eran tan marginales como hoy pueden ser los indignados o IU es que se mantuvo encendido el fuego de una tradición popular que hizo posible al kirchnerismo.
Lo que verdaderamente es “hermandad” es lo que une a El País y La Vanguardia con Clarín y La Nación. Ahí hay un nuevo internacionalismo defensivo de los poderes trasnacionales que, entre otras cosas, han subordinado la Constitución española al decálogo de los garúes financieros de Bruselas y del FMI.
Mendi, nada hay de “natural” en la política, creo. Ni la “unidad nacional” entre socialdemócratas y conservadores ni la crispación de un país como el nuestro después del más grande derrumbe de nuestra historia. La unidad nacional no vale en sí misma. Vale por su contenido, por su horizonte, por sus valores. A mí, como estoy seguro que a vos también, me gusta más la unidad por YPF que la de Malvinas con Galtieri en 1982.
Te mando un gran abrazo
Edgardo