13 septiembre 2011

La gata

Cuando abrí la puerta hoy a la mañana, después de 4 días afuera, vino corriendo y maullando, con una velocidad que solo guarda para causas mayores. Como salir a correr mosquitos al patio. Tiré el bolso al piso, apoyé la mochila en la mesada e intenté acariciarla. Se dejó, poquito, y salió corriendo al sillón. Al rato, mientras hacía un mate, apareció y se subió al banquito en el que estaba sentado, a mis espaldas. Y cuando quise agarrarla me mordió la mano y se metió abajo de la cama. 
En la mesa había una nota de Estefanía, que vino a darle de comer y agua el sábado. "Está perfecta, Sólo tenés que darle amorg", decía.
Así que me anoté en la agenda mental: a la noche la mimoseo un poco. Después le puse comida, le renové el agua y salí corriendo, siempre corriendo.
Hace un rato, cuando llegué, me miraba seria atrás de la ventana. Por supuesto ni amagó a responder a mis llamados y empezó un desfile de sutil indeferencia: por arriba de la mesa, subiendo y bajando la escalera despacito, relojeándome. Intenté varias veces llamar su atención, hasta le maullé. Ahí me empecé a reir: que bajo caíste, me dije, le estás maullando a una gata. Después de esto sólo te queda pedir por favor. Como con las minas. Así que junté fuerzas y comenzamos un minué de mutuo histeriqueo. Yo hacía como que no existía, ella me miraba con ojos que atravesaban, porque miraba más allá.
Ahora, en este preciso instante que estoy acá, que sigo laburando, escribiendo, tachando, agendando, dudando, ahora, que me esperan todavía un par de horas de sudar con lo que tendría que haber entregado hoy al mediodía, se subió a una silla al costado del escritorio y relojea la pantalla. Como cada vez que me pongo a escribir.
Nunca había tenido un gato en mi vida y, acostumbrado a la torpe, obvia y sencilla lealtad de los perros, trato de seguirle el juego.
La gata me sigue ignorando. Me pasa la factura. Me hace sentir un jodido. Me pone a prueba. Se hace desear. Tiene un carácter que ya me gustaría tener a mí.
Cada vez me gustan más los gatos. Y la gata.
Voy a tratar de aprender.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso es lo atrapante de los gatos: hacen lo que ellos quieren, no lo que nosotros queremos y se ofenden muy facil cuando los dejas solos un par de dias. Por eso cada dia quiero mas a mi gata

Rodrigo dijo...

Muy bueno

un pablo dijo...

los gatos están para recordarnos que el amor hay que ganárselo.

matías dijo...

Esto tenemos que hacer con los blogs, dejar de hablar de política y empezar a hablar de nuestras gatas.

Hay un curso para powerpoint de gatitos en el Da Vinci, ¿nos anotamos?

Voces dijo...

Tengo una yunta de siameses, cuando se ofenden te dan la espalda.

Anónimo dijo...

Mi estimado Mendieta, el problema de los gatos es que tienen mala prensa. Sólo quien ha compartido su vida con un bello minino puede comprender que esa supuesta indiferencia que se les atribuye es en realidad la displicencia de aquel que entiende que ha logrado domesticar a los humanos.Te lo digo desde la experiencia del derrotado feliz. Las conexiones entre un hombre y su gato son tan indescifrables como sublimes; disfrutalas!
Saludos,
Occy

Flavia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Flavia dijo...

Ja. No pude evitar favearlo. Gato para mí es como Boedo para usted.

Maria Silvia dijo...

Me encantó,hasta pude verlo casi..Genial!!!

Ariel dijo...

me regalaron una gata para mi cumpleaños hace un par de meses.
es fabulosa.
no entiendo cómo no tuve un gato antes.
abrazo.
Ariel. (1panda)

Anónimo dijo...

El gato es netamente superior al perro. Y no hay "Gatos Policías". El gato no es lamebotas, si lo apaleás te deja tirado y no vuelve más, no lo podés obligar a que haga tareas de esclavo....me crié en la casa de mis viejos con gatos, y mantengo esa tradición, ya conviviendo. Mi novia jamás había acariciado a un gato hasta hace poco, porque "le daban miedo" y le parecían "traicioneros". Ahora ya duermen juntas. Es más, creo que nuestra gata ya me dejó por mi novia.