23 enero 2011

Entrenar

El verano del 85 fue mi última pretemporada. Ya sabía, desde un par de años atrás, que nunca iba a ganar Roland Garros, ni recorrer el mundo con el circuito, ni ponerme de novio con Carolina de Mónaco. Llega un momento en que uno sabe eso sin necesidad de mirar los rankings ni debe esperar el próximo draw. Lo sentís cuando salís a la cancha y escuchás el ruido de la pelota al sacar. Sabés. Y aunque sabés todo pasa a ser -como aprendí con los años que era la vida- luchar contra lo dado. Lo establecido.

(Quizás por esto es el día de hoy que siento empatía con los deportistas que se están retirando de a poco. Pienso en el futbolista que ya está "viejo" y que le duelen las articulaciones pero no puede -quiere, pero no puede- dejar de sentir el aroma del vestuario. Y entonces los martes a la mañana se levanta y va a entrenar. Hay boludos que le gritan "dejá de robar" los domingos. Esos boludos en su puta vida siquiera sospecharon lo que es ser deportista) 

Como sea. Ya sabía que  no iba a ser un tenista profesional y que no tenía mucho sentido seguir entrenando 6 horas de lunes a lunes. Pero decidí que iba a hacer un último intento. Que me iba a preparar como nunca y que en marzo tenía un provincial difícil pero no imposible. Y, quién te dice, se dan un par de resultados y cuelo en el nacional.
Así que, con mi entrenador, decidimos lo siguiente: a las 6 agarraba la bici y pedaleaba hasta Mar de Ajó. Ahí hacía un par de horas de cancha y me iba a trabajar (si, trabajaba. Todos trabajan en la costa en verano. Sobre todo si no sos rico). Al mediodía hacía gimnasio. A la noche volvía a la cancha a pegarle.

En todo ese verano no fui nunca a bailar. Y todas las mañanas ponía en el walkman una canción. Todas las mañanas. Sin faltar ninguna. Así hasta los primeros días de abril, que la escuché por última vez en el vestuario, mientras me cambiaba, antes de salir y jugar el último partido de tenis de mi vida. Una primera ronda en Tandil con un pibe que ahora ya se retiró y lo veo en la tele. 

Ahora, 25 años después, me sigue pareciendo la mejor canción del rock nacional. Y la pongo cada vez que voy a salir a la cancha a ganarme la vida y los sueños.

8 comentarios:

Gustavo Arballo dijo...

Bueno, pero por lo menos te sacó Zabaleta che. No cualquiera.

Gustavo Arballo dijo...

Aunque no, no dan los tiempos. Zabaleta es mucho mas chiquito.

Dormidano dijo...

Linda canción.
Yo jugaba rugby, y en un momento tuve que decidir entre el deporte y el estudio y esas cosas.
Ganó el estudio dado que en esa época eramos amateurs por todos los costados.
Luego vino la montaña y esa sensación de pelearse con uno mismo. Y ahí me di cuenta que nunca me podría retirar como montañero. Aún colgando los botines de escalada y el piolet. La montañan no se abandona, me dijo un viejo andinista. Y era cierto che.

Anónimo dijo...

Perez Roldan, no Zabaleta, que tenia 7 años en el 85

Mendieta dijo...

nop. Obvio que Zavaleta no. Pero Perez Roldán tampoco.

Sergio dijo...

Linda historia Mendieta...el tenis me toca de cerca, y coincido plenamente con su opinión de aquellos que a cualuqiera le gritan "deja de robar" o "fracasado", son de manual.

Quién te sacó? Gómez?

Abrazo!

Piotr Satanowsky dijo...

c`est la vie mon ami

magolla dijo...

muy buena historia.me intriga saber quein te gano, o hay que adivinar?