28 agosto 2010

Arrojados al mundo


Hay hombres y mujeres que son arrojados al mundo. Todos, ellos y nosotros, somos arrojados al mundo. Pero ellos llegan y cuando llegan tienen una misión. Porque no todos tenemos una misión, un sentido, en estar en el mundo. Ellos sí. Y lo mejor de ellos es que no les es dada esta misión. Se la construyen.  

En el Centro Cultural hay una bandera argentina a un costado y una guitarra y su foto ahí detrás. Ahí está eso, muchísima gente y cuando entro suena una canción de Spinetta. Porque también sus compañeros hicieron algo maravilloso: le pusieron unos parlantes al lado donde suena la música que le gustaba escuchar. No puedo evitar pensar que ahí adentro está tarareando y marcando el compás con el pie.
Esos hombres y mujeres llegan al mundo y vienen a dar la mejor batalla de todas las batallas que un hombre puede dar: la batalla contra la injusticia. Y vienen y la dan. Se hacen, esos hombres, esas mujeres, los que no saben que lo más probable es que pierdan esa lucha y la dan de frente.

Veo llorar gente que nunca pensé que iba a ver llorar. Están, por supuesto, su familia, sus amigos y sus compañeros de militancia en el barrio y en su agrupación. Pero también están los vecinos. Esas vecinas, sentadas allá en el fondo  lloran y yo, que vivo en otro barrio, me veo llorar. Qué bien hace llorar cuando no hay otra cosa que se pueda hacer.

Esos hombres y mujeres vienen al mundo a dar una batalla contra la injusticia y por eso la muerte, la más injusta de todas las diosas injustas, pone sus ojos en ellos desde temprano y los empieza a perseguir. No quiere, la muerte, que esos hombres y esas mujeres caminen, vivan y siembren justicia por ahí. Porque la muerte y la injusticia le tienen pánico a esos hombres y a esas mujeres.

Hay cierta extraña manera de comunidad en cada abrazo. Cierto secreto, y quizá aquí esté –con pedantería- tratando de escribir  lo indescriptible de que cada abrazo dado y recibido es un intercambio de fuerza y solidaridad. Por ejemplo, alguien  fue a saludarla e intentar sumar un grano de arena de serenidad y fortaleza. Sin embargo, ella se acercó a su oído y le dijo: todos nosotros te vamos a necesitar mucho más ahora. Sonó, que loco todo, a que justo ella era la que decía tenés que ser fuerte.  

Hay hombres y mujeres que no saben que están corriendo una carrera contra la muerte. Pero sí saben de su lucha contra la injusticia. Entonces son arrojados al mundo y hacen las cosas rápido. Muy rápido. Y en 34 años hacen amistades justas, acciones justas, amores justos, familias justas, hijos justos, militancias justas, sueños justos. Hacen, de su vida, una vida justa.
Y la muerte, y la injusticia, vuelven a perder otra batalla. Chiquita. Tan chiquita como enorme puede ser una vida humana. Chiquita, pero la pierden.
Y acá, ahora, nosotros, todos nosotros, venimos a refregarle esa triunfo de una vida justa en la cara a la muerte y a la injusticia.
Lloramos y sonreímos ese victoria de nuestro amigo y compañero Juan Cruz en sus caras. Vamos a seguir peleando. 










Imagen: @monigps

3 comentarios:

Gerardo Fernández dijo...

Sentí exactamente lo mismo. Salí mucho más apesadumbrado de lo que podía esperar. Había un dolor hondo, profundo que pocas veces vi, porque era un dolor si se quiere más amplio, más abarcador. Se lloraba por la juventud de Juan Cruz, por Pía y los chiquitos, por la muerte absurda, pero además se lloraba por la pérdida de un referente, de un líder, de una promesa ¿no? Eso me pareció observar en gentes de todos los colores y edades. En mi no muy dilatada pero tampoco corta experiencia en velorios (qué bajón esta experiencia ¿no?) nunca sentí lo de esta tarde. Creo que todo se fundamenta en la figura militante de Juan Cruz, creo que se lloraba el futuro trunco, la promesa fulminada por un rayo artero.
No encuentro otra forma de expresar con palabras lo que sentí.
Abrazo

mad dijo...

Gracias por tus hermosas palabras, Mendieta, Una vez más lloro. Una vez más siento ese abrazo colectivo, solidario, en memoria esperanzadora de Juan, que seguirá con nosotros cada día de nuestra militante vida.
Como corresponde, un saludo spineteano

Anónimo dijo...

Mendieta, muy buen post. Todos sentimos lo mismo. Al igual que MAD una vez lloro.
La ausencia de Juan es inmensa, desgarradora.
Pero hay que seguir arrojados al mundo buscando justicia.