14 marzo 2010

De Ferro a Plaza de Mayo.

Estuve en los dos lados. En Ferro el jueves y en la Plaza de Mayo el viernes. Y veo que están escribiendo cosas muy interesantes Gerardo, Martín, Lucas y –lo pongo último porque no lo conocía, pero creo que da en la tecla-Federico.

Quizás el contar el por qué de mi presencia en cada una de las marchas sea un modesto aporte que sirva para seguir reflexionando.

Al acto de Ferro estuve a punto de no ir. Tengo muchos amigos en el Evita y en el Frente Transversal y respeto por ambas construcciones, pero no estoy encuadrada en ellas (de hecho, la puta madre, no estoy encuadrada en ninguna). Esa mañana había empezado a laburar a  las ocho de la mañana y terminé a las seis y media de la tarde. Exhausto. Ya lo dije alguna vez, con una sincera mezcla de justificación, culpa y excusa: cuando sos funcionario tu primer deber militante es trabajar muy en serio. Pero cuando bajé del subte sonó el teléfono y era mi hermano diciéndome: vamos a Ferro cabezón. Así que fui y me sorprendí: muchísima gente (no solo en el estadio. Afuera había como seis cuadras de compactas columnas que nopueideron entrar), muchísimos muchísimos pibes y mucha pero mucha mística. Contagiosa mística. Recuerdo haber puesto en el twitter: qué cómodo me siento entre tanta militancia.
Porque eso es lo que había ahí: militancia popular. La que se construye en los barrios populares y en los sectores populares.
A la convocatoria de 6,7,8 fui de casualidad. Camino a casa de mi hermana, saliendo del laburo, pasé por Plaza de Mayo. Mientras caminaba por Avenida de Mayo iba -reconozco- con la sospecha de que iba a ser un fiasco. La verdad es que nunca funcionaron muy bien que digamos las convocatorias por Facebook o por internet. Es tan sencillo dar un clic de que voy a ir y tan dificil tomarse el colectivo.
Pero al llegar también me sorprendí mucho por la convocatoria. Nunca fui bueno para calcular cantidades en las marchas, pero creo que había como 6,7,8 mil personas. Autoconvocadas. Sueltas. Muy clasemedieras y, posta, con mucha mística. Una mística que me pareció semejante a la que a veces tenemos en la blogosfera. La mística de ir en contra del discurso massmediático concentrado. La mística de la argumentación contra "lo dado". Los que estaban cantaban, si. Saltaban, si, también. Pero sobre todo hablaban. Hablaban entre ellos, discutían, intercambiaban.
Y acá es donde quiero retomar algo que vengo diciendo hace mucho tiempo, sobre todo por fuera del blog. Sobre todo cuando tomo mates o cervezas con compañeros de la blogosfera: claro que yo también tengo mucho para criticar -y lo hago- a la clase social de la cual formo parte integralmente (en recursos, en standard de vida, en consumos culturales, en consumo, etc.). Pero sobre todo tengo mucho para autocriticarme por no ser capaz de convencer a mis "semejantes" de las bondades -con todos sus defectos, con todas sus limitaciones- del proyecto político que hoy es gobierno.
No es tiempo de "proletarizarnos" para bancar. No voy a ser yo quien le explique a un militante de La Matanza, o de Moreno, o del Docke lo que hay que hacer y lo que hay que decir. En todo caso, cuando me toca ir a esos pagos voy a aprender de ellos.
Es tiempo de tratar de convencer y de dar la discusión con los amigos, los compañeros de trabajo, los primos, las tías, las novias y las suegras. Incluso al pelotudo de mi vecino, ese que no se pierde de repetir como loro lo que escucha en la radio.
(Disgresión. Ya lo dije alguna vez acá: si querés convencer a alguien, primero tenés que lograr su atención. Y para eso, nada mejor que darle la razón en algo al principio de la charla)
Esa es nuestra responsabilidad militante en la etapa.  El granito de arena que podemos sumar.

7 comentarios:

Lucas Carrasco dijo...

Esa es una de las ventajas de la mística y la cohesión, y de generar, cierto clima cultural, aún cerrado yen términos electorales, no pequeño pero tampoco suficiente: que los que están dentro quieren convencer al resto, a sus cercanos, porque también quieren sentirse semejantes a sus semejantes: el odio al kirchnerismo desasemeja (¿inventé una palabra?) a quienes somos de clase media. No es en vano que la palabra "racional" es la panacea del discurso político. Foucault se haría una fiesta con eso.En fin.

Mendieta dijo...

Jeje. Me acordé de esto, escrito el 17 de junio del pasado: http://mendietaelrenegau.blogspot.com/2008/06/las-consecuencias-amorosas-de-la.html

Mendieta dijo...

Mierda. Era del 2008 eso. Como pasa el tiempo. Como seguimos detenidos ahí.

Musgrave dijo...

Hay que intentarlo nomas. Eso si la prueba de fuego es la patrona y me cuesta horrores.

Por lo menos ayer me dijo, "la oposición es de cuarta, no descartes que Kirchner vuelva a ganar".

abrazo

Anónimo dijo...

Me encantaría confiar en una fuerza política lo suficiente como para poder contagiarme de esa mistica.

Hasta ahora no he encontrado ninguna que me convenciera. Sigo en la búsqueda

Madys

timoneldetormenta dijo...

La mística hay que elaborarla de adentro hacia afuera, no se vende en el supermercado.

rinconete dijo...

El pequeño momento de gloria en toda conversación con algún antiK es cuando, luego de haber reconocido los defectos del sistema como recomienda Mendieta, uno concluye: "Tenés razón, son unos chotos. A quien elegirias en su lugar?".

Uno de los éxitos de la convocatoria de 678 fue el de mostrar que uno no es el único energúmeno de clase media que arruina cada cena entre amigos o cada almuerzo familiar defendiendo a la Perra.

Sirve para combatir o al menos matizar el extraño sentido común que indica que quien describe a la presidenta como una puta montonera es un ciudadano virtuoso preocupado por la realidad política, mientras que quien defiende al gobierno es un energúmeno que no deja pasar una ocasión de hacer proselitismo kirchnerista.