22 marzo 2010

La culpa

Carajo, como odio la culpa. Te odio culpa. Te odio porque nunca se te ocurre ir a darte una vuelta por ahí, buscarte alguien más interesante a quien acompañar por la vida y dejarme en paz.
Te odio, porque ahora yo empiezo la semana y me levanto y hago mates y me pongo a escuchar a JPV en la radio y me digo: tengo que escribir ese post de política que anoche pensé y que estaba bueno y que iba a dar cuenta que no estoy terminado. Que a pesar de estar roto todavía tengo algo por decir. Algo que sea novedoso, que tire una punta para pensar y que haga que este blog no decaiga a las profundidades de las fosas que hay en el Pacífico.
Pero claro, culpa, en vez de ponerme a escribir me decís: fijate que escribió Lucas, al que dejaste plantado el sábado, cuando volvía de Tandil para verte a vos y charlar. Y entonces leo que me llamó primero cuando bajó del bondi y yo, que andaba buscando la mejor combinación de antigripales, antidepresivos y antipiréticos que me permitieran levantarme del sillón para ir al Gardel de Medellín. Pero no funcionó. Seguí sintiéndome mal. Y ojo culpa, de esto no puedo achacarte nada. Esto se lo achaco al fracaso. Claro que no sé si al fracaso del antigripal, del antipirético o del antidepresivo. Son unos fracasados conmigo muchachos.
Igual esto es para vos, culpa. Me tenés podrido. Porque tengo que dedicarme a cosas más importantes que a vos y me rompés las pelotas. Que no escribís nada como la gente, que dejás a tus amigos tirados en Constitución para que los afanen, que dejás los libros a mitad de leer -incluso los mejores-, que dejás tu vida abandonada.
Pero ya te dije. No puedo ocuparme de vos ahora culpa. Estoy preocupado y ocupado, culpa. Porque lo más importante que tengo en la vida anda con problemas, culpa. (Ya sé culpa, debo tener una parte tuya también en eso, no es necesario que me lo recuerdes ahora, que estoy escribiendo). Y no sé muy bien qué hacer, ni si lo que estoy haciendo, lo que hice y lo que haré estuvo bien hecho, está bien hecho, estará bien.
Tengo un amigo que dice que los políticos debieran ser célibes. Como los curas. O sea: que tengan sexo, claro. Pero nada de tener familia, ni mucho menos enamorarse y muchísimo menos tener hijos. Si tenés esos placeres y esas responsabilidades (carajo, me acabo de dar cuenta que hasta los máximos placeres implican obligaciones, debo estar madurando) no te podés dedicar a tu amante de siempre: la política. Ni a la otra amante, esa que incluso es más que el sexo erótico de una buena discusión política: la literatura.
Y quizás por eso nunca llegue a ser un "buen" político ni a escribir un puto cuento. Cuando las papas queman me chupa un huevo la política y hasta Abelardo Castillo. Antes no era así. Antes de ser padre no era así. Pero ya no.
Le decía a otro amigo, el sábado, al que admiro porque el sí escribe libros y que encima están buenos: no puedo escribir, ni leer, ni pensar cuando estoy demasiado bien ni cuando estoy preocupado de verdad. Claro que puedo escribir cuando estoy angustiado, con esa angustia existencial que vos, culpa, me recordás cada vez que salgo a la calle.  Pero cuando estoy preocupado no puedo. No puedo ni siquiera ir a chupar cervezas con los amigos. Entonces aprovecho el fin de semana -donde la culpa de no ir a laburar se va por un par de días, donde no me toca estar con Cachorra, donde Rulitos me hace canelones y me prepara té de manzanilla- para enfermarme y que me duela la garganta y me suba fiebre.
Ahora en un rato, culpa, me voy a encontrar con Cachorra y todas las energías que guardé en cama este fin de semana van a ser para ella. Que lo anda necesitando. Y voy a reír, voy a cocinar rico, voy a hacer la tarea de quinto grado cuando vuelva de laburar y vamos a ir a andar en bicicleta al parque.
Así que tomatelás, culpa, que te voy a cagar a trompadas y está sonando el timbre.  

10 comentarios:

Artemio López dijo...

Muy bueno!
salu2 Mendieta...

Lucas Carrasco dijo...

Ya me dieron ganas de comer canelones!!

Aldo Ulises Jarma dijo...

Ojo! No se puede vivir del amor!
Muy bueno y abrazo.

Mariana Nofal dijo...

Hagamos una vaquita y contratemos un matón que le dé para que tenga.

Todos Gronchos dijo...

La culpa es la mafia del alma. Más vale tenerla lejos.

Saludos!

guille dijo...

Con dos salsas,mendieta.

Anónimo dijo...

culpa de tener culpa?....
Culpa al cuadrado....
Segun la definicion culpa..."es cuando tú estás convencido que podías haber hecho algo diferente, pero ni siquiera lo intentaste...".

Mejor es disfrutar los canelones...coincido con doble salsa

mv dijo...

Alguna vez leí, en algún lado que no recuerdo, que la culpa no es más que rabia dirigida hacia uno mismo. Supongo que debe venir de alguno de nuestros rincones oscuros, donde descansan, esperando su momento, los miedos y angustias que uno lleva desde siempre.
Linda esa energía de rechazo hacia la culpa. Linda y contagiosa.

Yaya dijo...

No coma los canelones con culpa, lo que engorda no mata....

Musgrave dijo...

hdp!!! y después decís que no podés escribir como vos querés!!!

Abrazo de un padre a otro padre.