11 septiembre 2008

Poniéndome de novio con mi nuevo barrio

De a poco. Despacito. Lentamente. Saboreando cada cordón. Aunque sea con pocas ganas.

Salgo al balcón y, a falta de TV y de una conexión a internet que no se caiga cada tres minutos, miro las nuevas ventanas de la calle de enfrente. Me descubro en una faceta que desconocía: la del voyeur. Prendo un cigarrillo, aspiro hondo y me apoyo en la baranda. Me dejo invitar por los balcones: los hay con ropas tendidas, los hay con un vacío que anuncian prontas mudanzas o viejas desesperanzas. Los hay con chiches de pibes apilados y con mascotas prisioneras.

Atrás de los balcones hay ventanas. Y más atrás gente que vive. De eso da cuenta el reflejo azul de las pantallas de los televisores que se filtra entre los agujeritos de las persianas. Me parece que la mayoría está viendo Tinelli y yo me siento un poco más solo y un poco tristemente orgulloso. Hay momentos en que hay que aferrarse a lo que se tenga a mano y yo apreto más fuerte la baranda. Una de las ventanas, esa de ahí, ¿la ven?, me molesta por su belleza. Quizá sean las cortinas o una alfombra o el tapizado del sillón, pero despide una coloración entre roja y anaranjada que no puede ser otra cosa que calidez. Atrás de esa ventana hay un hogar y a mí me duele el hígado.

Al rato, después de recordar una escena de La Ventana Indiscreta me doy cuenta que no estoy enyesado ni en silla de ruedas. Ya me aburrí. Así que bajo por el ascensor y salgo a caminar. Ahí me acuerdo de que debiera cenar, aunque sea hoy. Y entro a la pizzería que me recibe como me merezco. En medio del salón hay un flipper de La Dimensión Desconocida –sí, un flipper, nada de pinball ni ocho cuartos posmodernos-, en las paredes hay fotos de Bob fumando y en los parlantes hay sonando a buen volumen un compilado de Lou Reed. Es en ese momento cuando en el celular entra un mensaje de texto que no esperaba recibir hasta dentro de unos meses.

Quizás no esté tan mal mi nuevo barrio. O quizás sea la cerveza. Pero empiezo a sentir algo así como una moderada serenidad. El futuro va viniendo y, de vuelta en el balcón, tengo los brazos bien abiertos.



Boomp3.com

6 comentarios:

El Canilla dijo...

La recorridas deben incluir siempre el bar, la pizzería , la parada del canilla. Mirar los perros que trajinan la calle.
La cara del almacenero y si sos madrugador,las caras de la panadería.
Le agregás el olor y un amane/atardecer desde el balcón y con eso ya lo incorporaste.
Falta que te incorporen a vos.

Charlie Boyle dijo...

Si se siente muy solo invítela a Anyuletta que andaba buscano un pisito, en una de esas congenian

Leila Luna (ex Cosas dichas) dijo...

Será porque por momentos siento que las ausencias son más importantes que las presencias pero me encontré en un par de líneas...
a veces, me asomo con mi cámara y fotografío casi igual que en la película de Hitchcock y me surgen historias que escribo junto a las imágenes. A veces me siento a disfrutar de una porción de queso con una copa de vino tinto en el bar de la esquina y me dejo envolver en el colectivo al que no siento que pertenezca del todo. Quizás levante la copa pensando en los que estamos en situaciones semejantes aunque anónimas.

Saludos

Primo Louis dijo...

Despacito, que el mundo corre. "Descubrir que cosas en medio del infierno no son infierno".

Disfrute de esos espacios de paz, pero no se deje sorprender que la serenidad se toma su tiempo, a pesar que de vez en cuando se acuerda de nosotros y algún adelanto, bien merecido, nos da.
La soledad se disfruta también, sólo hay que beberla despacio...

Cuando estamos así es cuando la ciudad es más nuestra que nunca.
Un abrazo

Ariel dijo...

El futuro empieza en breve. Siempre. Y Lou Reed siempre lo sabe recibir.

Y si bien todo se presenta nublado, al menos vemos ese todo.

Anónimo dijo...

muchas cosas pasaran con el tiempo, solo necesitas darle tiempo al tiempo.