Yo estaba de traje y corbata en medio de un montón de gente que estaba bien vestida. Porque estar bien vestido, digamos, no es otra cosa que estar adaptado al entorno. Sonaba, con exageración de agudos -claramente un contrasentido- un set de algún dj marchoso. Lo primero que pensé fue algo así como la próxima vez llego tarde y paso antes por casa a ponerme una remera fluo o pintada a mano. Aunque enseguida lo descarté porque la última remera pintada a mano que tuve decía juicio y castigo y tampoco iba a combinar bien. Aparte se me rompió en una marcha en que me agarré a trompadas ya no me acuerdo con quien. Lo segundo que pensé fue carajo, ya no estoy para estas cosas. Y también pensé, por un instante, que podría renunciar a laburar así no llegaba tarde pero vestido como corresponde. Pero también me duró poco el pensamiento, porque se me mezcló con que la última vez que llegué tarde a una reunión era a la de padres de la escuela de mi hija. Y ahí pensé: qué carajo hago acá.
Creo que me quise poner a reflexionar sobre qué cosa de todas las que veía me molestaba más: ¿era que ni el diez por ciento de los que estaban se había molestado en mirar un puto cuadro?¿era tomar conciencia de lo bien que queda hoy exagerar la más absoluta banalidad? ¿Es que uno espera –inocentemente espera- encontrar ahí alguna clase de rebeldía, de ruptura con lo existente, de malestar con el mundo, una cierta clase de sensibilidad?¿era esta cosa tan actual de que es más importante el personaje que la obra? O peor: ¿ni necesitás obra si sos suficientemente personaje?
Me vino a la cabeza algo que seguramente alguien ya pensó antes y mejor: ¿cuándo fue que nos vendieron que todos tenemos que ser “únicos” y “especiales” y que la manera de lograrlo no es a través de algún tipo de acto creativo sino del tipo de consumo que realizás? En este caso, por decir, consumo de inauguraciones.
Igual mucho más no podía pensar, porque me iba enojando y en paralelo iba quedando mal con mi novia que, pobre, claramente se equivocó conmigo y me miraba con cara de espanto. Y en eso estaba cuando veo bajando la escalera a Dafuncchio escondido atrás de unos anteojos negros. Nadie le daba bola. Es más, creo que nadie lo reconoció. Yo fui y le dije: ser fan después de la mayoría de edad es de pelotudos, así que paso, pero el último disco de ustedes me sirvió para salir de un mal momento, así que gracias. El chabón mientras me abrazaba le decía al que iba con él: tamos viejos man, nos saluda un chabón de traje en medio de tanta modernidad.
Ya sé, no me lo digan, soy un hincha pelotas. Pero la próxima le afano una musculosa fucsia a Cachorra y agarrensé.
6 comentarios:
Estábamos en la milonga de Parque Patricios, sentados en una mesa con vos y Patucho, yo pensé, éste lugar es para vos, Mendieta.
Ni me acuerdo de qué hablábamos, pero esa imagen de vos calma, con luz tenue, arrecostado en la silla, la música algo opaca, el vaso y una charla que seguramente fue sobre tópicos de la noche, sí, fue una buena imagen.
Y estabas de remera
“Tal como nos ha sido impuesta la vida nos resulta demasiado pesada, nos depara excesivos sufrimientos, decepciones, empresas imposibles. Para soportarla no podemos pasarnos sin paliativos. (no se puede prescindir de las muletas nos dijo Theodor Fontane)Los hay quizás de tres especies: distracciones poderosas que nos hacen pequeña nuestra miseria; satisfacciones sustitutivas que nos las reducen; narcóticos que nos tornan insensibles a ellas”(…) “Los hombres saben que con ese “quita-penas” siempre podrán escapar al peso de la realidad, refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad. También se sabe que es precisamente esta cualidad de los estupefacientes la que entraña su peligro y su nocividad. En estas circunstancias aun llevan la culpa de que se disipen estérilmente cuantiosas magnitudes de energía que podrán ser aplicadas para mejorar la suerte humana”
“El malestar en la cultura”, Freud, S. (1930 [1929])
Evidentemente esta no es las distracciones poderosas para Mendieta.
Todo pasa por lo fácil. Es que es más fácil... es más fácil comprarse anteojos cuadrados que filmar Las alas del deseo... es más fácil comerse unos canapés que poder representar en un cuadro algo que sea valorado por algunos durante, al menos, un tiempo.
jaja, puede ser que seas un hincha pelotas... hagamos un club, vas a ver como las musculosas fucsias se ponen de moda! Mi solidaridad.
exijo justicia!!
mendieta
v.
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