Ceno con Rulitos, tomo el vino tinto y le cuento. Cuento un recuerdo de hace muchos años, un recuerdo de ir a La Crujía con las monedas contadas para llevarme "Desde las orillas de la ciencia" y devorarlo en una tarde y seis cortados. Un recuerdo de un teórico que quedó marcado para siempre. Claro que siempre es ahora dudar del recuerdo del recuerdo.
Que es, ahora, tantos años después, más o menos así:
"Este verano anduve de vacaciones viajando por ahí. Y viajando por ahí estaba recorriendo un cruce que hay en Jujuy por sobre la cordillera. La cosa es que medio que me había perdido y estaba contento por eso. Y en un camino que ya no era camino, más bien paso de arrieros y desencuentro de vientos, a unos cinco mil metros de altura, calculo, aunque puedo estar exagerando un poco, se aparece, ahí, en medio de la nada y de todo, una edificación. Claro que llamarla edificación es también estar exagerando. Era algo que tenía techo.
Lo que me llamó poderosamente la atención es que en una pared, con la pintura descascarada, pero todavía visible, había un cartel de Pepsi. Imaginen lo que eso significa. Un cartel de Pepsi ahí. Cierren los ojos. Piensen. Un cartel de Pepsi.
Atrás, rodeado de sus perros, un tipo sentado sobre las piedras.
Y ahí fui, a hablar con él. ¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica? ¿Hace mucho que está acá?, iba preguntando. Cuando al rato, mucho rato, había logrado cierta intimidad, le pregunté: ¿qué se siente vivir acá, tan lejos de todo? Y el hombre me miró fijo por pirmera vez a los ojos, como dudando de haber escuchado bien y respondió: ¿Lejos de dónde, señor?"
Y ahora, mientras escribo pienso que me gustaría preguntarle ¿Se ha ido lejos, profesor?.
¿Lejos de dónde?, creo escuchar que dice una voz que viene de los caminos y del viento y que va para allá.
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2 comentarios:
devoré sus libros, lo disfruté como profesor. buen viaje, adonde se haya ido.
abr
n
Viajó tanto que se merecía el descanso.
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